"...Hoy en día el escritor que quiera combatir la mentira y la ignorancia y quiere decir la verdad debe luchar al menos con cinco dificultades. Precisa coraje para decir la verdad que en todas partes está sofocada. Inteligencia para reconocerla dado que en todas partes está escondida. El arte de tornarla manejable como un arma. Suficiente criterio para elegir a aquellos en cuyas manos será eficaz. Y finalmente suficiente astucia para difundirla entre ellos..." Bertolt Brech

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4 may. 2014

1° de Mayo: MÁRTIRES DE CHICAGO. Comentan Eduardo Galeano; Tomás Mojarro



La desmemoria por Eduardo Galeano

CHICAGO está llena de fábricas. Hay fábricas hasta en pleno centro de la ciudad, en torno al edificio más alto del mundo. Chicago está llena de fábricas, Chicago está llena de obreros. Al llegar al barrio de Heymarket, pido a mis amigos que me muestren el lugar donde fueron ahorcados en 1886, aquellos obreros que el mundo entero saluda cada 1º de Mayo -Ha de ser por aquí -me dicen. Pero nadie sabe. Ninguna estatua se ha erigido en memoria de los mártires de Chicago en la ciudad de Chicago. Ni estatua, ni monolito, ni placa de bronce, ni nada.

El primero de mayo es el único día verdaderamente universal de la humanidad entera, el único día donde coinciden todas las historias y todas las geografías, todas las lenguas y las religiones y las culturas del mundo; pero en los Estados Unidos, el primero de mayo es un día cualquiera. Ese día, la gente trabaja normalmente, y nadie, o casi nadie, recuerda que los derechos de la clase obrera no han brotado de la oreja de una cabra, ni de la mano de Dios o del amo.

Tras la inútil exploración de Heymarket, mis amigos me llevan a conocer la mejor librería de la ciudad. Y allí, por pura curiosidad, por pura casualidad, descubro un viejo cartel que está como esperándome, metido entre muchos otros carteles de cine y música rock.

El cartel reproduce un proverbio del Africa:

Hasta que los leones tengan sus propios historiadores, las historias de cacería seguirán glorificando al cazador.



MÁRTIRES DE CHICAGO. Por Tomás Mojarro

'Eran moralmente superiores porque cada uno fue capaz de sentir gran amor por la humanidad”.

¿Qué dirá de esos mártires el discurso oficial? ¿Habrá discurso oficial? ¿Corresponde al sector oficial la conmemoración? Los trabajadores que hoy toman los espacios públicos, ¿recordarán a los obreros sacrificados en el Chicago de 1886 por el 'delito' de reclamar derechos del trabajador? ¿Sabrán quiénes fueron los asesinados por el Poder? ¿Conocerán sus nombres?

Va aquí, por que preservemos la memoria histórica, un apunte del crimen que un primero de mayo de 1886 perpetró el Sistema contra un grupo de obreros que en su lucha por la jornada laboral de ocho horas y un salario laboral menos injusto aventaron su vida en prenda y se tornaron mártires. Ellos fueron, entre otros, August Spies, George Engel, Albert R. Parson, Adolph Fisher y Louis Lingg. Rumbo al patíbulo, sus palabras:

Sus leyes están en oposición a la naturaleza y con ellas roban ustedes a las masas el derecho a la vida, a la libertad y al bienestar.

Creen tener derechos sobre todas las personas, sobre sus vidas y su libertad, aun el derecho a asesinar a quienes les son incómodos, cuando son diferentes, cuando no son parte de la amorfa masa o rebaño servil. ¡Tiempo llegará en que nuestro silencio será más poderoso que las voces que hoy estrangulan ustedes!

Aquel 1o. de mayo amaneció caluroso. En su celda de condenados a muerte los cautivos aguardan el patíbulo. Un ruido de cerraduras marca el final. Spies detiene su ambular de león enjaulado. “¿Ya es hora?”, pregunta. “Vamos,' dice uno de los celadores, mostachos hirsutos. “Vamos afuera”.

“Así pues, llegó la hora de la verdad”.

Mientras lo conducían fuera de la celda Lingg comenzó a decir: “No es por un crimen por lo que nos condenan. Es por...” Y guardó silencio. Tiempo después, cinco de los ocho anarquistas condenados a la horca por la justicia de Illinois habían sido concentrados en un saloncillo de la prisión federal, no lejos del “portón de entrada”. [Para ellos nunca más “portón de salida”]. Los cinco condenados a muerte se miraron, ligeramente pálidos, pero tranquilos. “Salud, compañeros”. Intentaron una sonrisa.

“No es por un crimen por lo que nos condenan”, repitió Lingg. “Nos condenan por nuestros principios. Pero yo...” Silencio. Afuera sonaban las 10 de la mañana. Ya ante el patíbulo, Lingg iba a completar su mensaje final: “No es por un crimen por lo que ustedes nos condenan; es por nuestros principios. Desprecio a todos ustedes; desprecio su orden, sus leyes, su fuerza, su autoridad. ¡Ahórquenme!”

Habló Engel: “Las leyes de ustedes están en oposición con las leyes de la naturaleza, y mediante ellas roban a las masas el derecho a la vida, a la libertad y al bienestar. Estoy listo”.

“Pueden ustedes sentenciarme –Spies-. Pero que se sepa que en Illinois ocho hombres fueron sentenciados a muerte por pensar en un bienestar futuro, por no perder la esperanza en el último triunfo de la libertad y la justicia”.

“Si la muerte es la pena correlativa a nuestra ardiente pasión por la libertad de la especie humana –Fischer-, entonces yo lo digo muy alto: ¡dispongan de mi vida!”

Al pie de la horca habló Parson: “Sobre el veredicto de ustedes quedará el veredicto del pueblo para demostrar las injusticias sociales de todos ustedes, que son las que nos llevan al cadalso. Pero quedará el veredicto popular para decir que la lucha social no ha terminado por tan poca cosa como es nuestra muerte”. FIN


Revuelta de Haymarket. Historia según Wikipedia

El incidente de Haymarket o revuelta de Haymarket fue un hecho histórico que tuvo lugar en Haymarket Square [Chicago, Estados Unidos] el 4 de mayo de 1886 y que fue el punto álgido de una serie de protestas que desde el 1 de mayo se habían producido en respaldo a los obreros en huelga, para reivindicar la jornada laboral de ocho horas.

Durante una manifestación pacífica una persona desconocida lanzó una bomba a la policía que intentaba disolver el acto de forma violenta. Esto desembocó en un juicio, años después calificado de ilegítimo y deliberadamente malintencionado, hacia ocho trabajadores anarquistas, donde cinco de ellos fueron condenados a muerte [uno de ellos se suicidó antes de ser ejecutado] y tres fueron recluidos. Fueron denominados Mártires de Chicago por el movimiento obrero.

Posteriormente este hecho dio lugar a la conmemoración del 1 de mayo, originalmente por parte del movimiento obrero, y actualmente considerado en la gran mayoría de los países democráticos [exceptuando los Estados Unidos, el Reino Unido y el Principado de Andorra], el Día internacional de los trabajadores.

El contexto

Los hechos que dieron lugar a esta revuelta están contextualizados en los albores de la revolución industrial en los Estados Unidos. A fines del siglo XIX Chicago era la segunda ciudad de EE.UU. Del oeste y del sudeste llegaban cada año por ferrocarril miles de ganaderos desocupados, creando las primeras villas humildes que albergarían a cientos de miles de trabajadores. Además, estos centros urbanos acogieron a emigrantes venidos de todo el mundo a lo largo del siglo XIX.

La reivindicación de la jornada laboral de ocho horas
Una de las reivindicaciones básicas de los trabajadores era la jornada de ocho horas. El hacer valer la máxima ocho horas para el trabajo, ocho horas para el sueño y ocho horas para la casa. En este contexto se produjeron varios movimientos. En 1829 se formó un movimiento para solicitar a la legislatura de Nueva York la jornada de ocho horas. Anteriormente existía una ley que prohibía trabajar más de dieciocho horas, salvo caso de necesidad. Si no había tal necesidad, cualquier funcionario de una compañía de ferrocarril que hubiese obligado a un maquinista o fogonero a trabajar jornadas de dieciocho horas diarias debía pagar una multa de veinticinco dólares.

El movimiento sindical en Canadá inició una campaña similar a partir de 1872 a favor del día laboral limitado y de los derechos sindicales, que se obtuvieron en la década de los 1870 en ese país.

La mayoría de los obreros estaban afiliados a la Noble Orden de los Caballeros del Trabajo, con una importante influencia anarquista, pero tenía más preponderancia la American Federation of Labor [Federación Americana del Trabajo]. En su cuarto congreso, realizado el 17 de octubre de 1884, había resuelto que desde el 1 de mayo de 1886 la duración legal de la jornada de trabajo debería ser de ocho horas. En caso de no obtener respuesta a este reclamo, se iría a una huelga. Recomendaba a todas las uniones sindicales a tratar de hacer promulgar leyes con ese contenido en todas sus jurisdicciones. Esta resolución despertó el interés de todas las organizaciones, que veían que la jornada de ocho horas posibilitaría obtener mayor cantidad de puestos de trabajo [menos desocupación]. Esos dos años acentuaron el sentimiento de solidaridad y acrecentó la combatibilidad de los trabajadores en general.

En 1886, el presidente de Estados Unidos Andrew Johnson promulgó la llamada Ley Ingersoll, estableciendo las ocho horas de trabajo diarias. Al poco tiempo, diecinueve estados sancionaron leyes que permitían trabajar jornadas máximas de ocho y diez horas [aunque siempre con cláusulas que permitían hacer trabajar a los obreros entre catorce y dieciocho horas]. Las condiciones de trabajo eran similares, y las condiciones en que se vivía seguían siendo insoportables.

Como la Ley Ingersoll no se cumplió las organizaciones laborales y sindicales de Estados Unidos se movilizaron. La prensa calificaba el movimiento en demanda de las ocho horas de trabajo como 'indignante e irrespetuoso', 'delirio de lunáticos poco patriotas', y manifestando que era 'lo mismo que pedir que se pague un salario sin cumplir ninguna hora de trabajo'.

La convocatoria de huelga

La Noble Orden de los Caballeros del Trabajo [la principal organización de trabajadores en EE.UU.] remitió una circular a todas las organizaciones adheridas donde manifestaba: 'Ningún trabajador adherido a esta central debe hacer huelga el 1° de mayo ya que no hemos dado ninguna orden al respecto'. Este comunicado fue rechazado de plano por todos los trabajadores de EE.UU. y Canadá, quienes repudiaron a los dirigentes de la Noble Orden por traidores al movimiento obrero.

En la prensa del día anterior a la huelga, el 29 de abril de 1886, se podía leer: 'Además de las ocho horas, los trabajadores van a exigir todo lo que puedan sugerir los más locos anarquistas'. El New York Times decía:
Las huelgas para obligar al cumplimiento de las ocho horas pueden hacer mucho para paralizar nuestra industria, disminuir el comercio y frenar la renaciente prosperidad de nuestra nación, pero no lograrán su objetivo.

El Filadelfia Telegram decía:

El elemento laboral ha sido picado por una especie de tarántula universal y se ha vuelto loco de remate: piensa precisamente en estos momentos en iniciar una huelga por el logro del sistema de ocho horas. El Indianápolis Journal decía:

Los desfiles callejeros, las banderas rojas, las fogosas arengas de truhanes y demagogos que viven de los impuestos de hombres honestos pero engañados, las huelgas y amenazas de violencia, señalan la iniciación del movimiento.

1 de mayo, inicio de la huelga

El 1 de mayo de 1886, 200.000 trabajadores iniciaron la huelga, mientras que otros 200.000 obtenían esa conquista con la simple amenaza de paro.

En Chicago donde las condiciones de los trabajadores eran mucho peores que en otras ciudades del país las movilizaciones siguieron los días 2 y 3 de mayo. La única fábrica que trabajaba era la fábrica de maquinaria agrícola McCormick que estaba en huelga desde el 16 de febrero porque querían descontar a los obreros una cantidad para la construcción de una iglesia. La producción se mantenía a base de esquiroles. El día 2 la polícia había disuelto violentamente una manifestación de más de 50.000 personas y el día 3 se celebraba una concentración en frente de sus puertas, cuando estaba en la tribuna el anarquista August Spies sonó la sirena de salida de un turno de rompehuelgas. Los concentrados se lanzaron sobre los scabs [amarillos] comenzando una pelea campal. Una compañía de policías, sin aviso alguno, procedió a disparar a quemarropa sobre la gente produciendo seis muertos y varias decenas de heridos.

Adolph Fischer, redactor del periódico Arbeiter Zeitung, corrió hacia la imprenta del periódico para imprimir 25.000 octavillas [hecho que luego se utilizaría como principal prueba acusatoria en el juicio que lo llevó a la horca]. Las mismas proclamaban:

Trabajadores: la guerra de clases ha comenzado. Ayer, frente a la fábrica McCormick, se fusiló a los obreros. ¡Su sangre pide venganza! ¿Quién podrá dudar ya que los chacales que nos gobiernan están ávidos de sangre trabajadora? Pero los trabajadores no son un rebaño de carneros. ¡Al terror blanco respondamos con el terror rojo! Es preferible la muerte que la miseria. Si se fusila a los trabajadores, respondamos de tal manera que los amos lo recuerden por mucho tiempo. Es la necesidad lo que nos hace gritar: ¡A las armas!. Ayer, las mujeres y los hijos de los pobres lloraban a sus maridos y a sus padres fusilados, en tanto que en los palacios de los ricos se llenaban vasos de vino costosos y se bebía a la salud de los bandidos del orden...¡Secad vuestras lágrimas, los que sufrís! ¡Tened coraje, esclavos! ¡Levantaos!

La proclama terminaba convocando un acto de protesta para el día siguiente, el 4 de mayo, a las cuatro de la tarde, en Haymarket Square. Se consiguió un permiso del alcalde Harrison para hacer un acto a las 19.30.

4 de mayo, día de la revuelta

El 4 de mayo a las 21:30 el alcalde, quien estuvo presente en en el acto de Haymarket Square para garantizar la seguridad de los obreros, dio por terminado éste. Pero el mismo siguió con gran parte de la concurrencia [más de 20.000 personas]. El inspector de la policía John Bonfield consideró que habiendo terminado el acto no debía permitir que los obreros siguieran en ese lugar, y junto a 180 policías uniformados avanzó hacia el parque y empezó a reprimirlos. De repente estalló entre los policías un artefacto explosivo que mató a un oficial de nombre Degan y produjo heridas en otros. La policía abrió fuego sobre la multitud, matando e hiriendo a un número desconocido de obreros. Se declaró el estado de sitio y el toque de queda, y en los días siguientes se detuvo a centenares de obreros, los cuales fueron golpeados y torturados, acusados del asesinato del policía. Se realizaron cantidad de allanamientos y se fabricaron descubrimientos de arsenales de armas, municiones, escondites secretos y hasta 'un molde para fabricar torpedos navales'.

La campaña de prensa

La prensa en general se plegó a la represión y realizó una campaña apoyando y animando la misma con columnas como esta:

Qué mejores sospechosos que la plana mayor de los anarquistas. ¡A la horca los brutos asesinos, rufianes rojos comunistas, monstruos sanguinarios, fabricantes de bombas, gentuza que no son otra cosa que el rezago de Europa que buscó nuestras costas para abusar de nuestra hospitalidad y desafiar a la autoridad de nuestra nación, y que en todos estos años no han hecho otra cosa que proclamar doctrinas sediciosas y peligrosas!

La prensa reclamaba un juicio sumario por parte de la Corte Suprema, y responsabilizando a ocho anarquistas y a todas las figuras prominentes del movimiento obrero. Se continuó con la detención de cientos de trabajadores en calidad de sospechosos.

El juicio

El 21 de junio de 1886, se inició la causa contra 31 responsables, siendo luego reducido el número a 8. Pese a que el juicio fue en todo momento una farsa y se realizó sin respetar norma procesal alguna, la prensa amarilla sostenía la culpabilidad de todos los acusados, y la necesidad de ahorcar a los extranjeros[cita requerida].

Aunque nada pudo probarse en su contra, los ocho de Chicago fueron declarados culpables, acusados de ser enemigos de la sociedad y el orden establecido. Tres de ellos fueron condenados a prisión y cinco a la horca.

En la actualidad se considera que su juicio estuvo motivado por razones políticas y no por razones jurídicas, es decir se juzgó su orientación política libertaria y su condición de obreros rebeldes, más no el incidente en sí mismo.

Las condenas

Prisión

Samuel Fielden [inglés, 39 años, pastor metodista y obrero textil, condenado a cadena perpetua].
Oscar Neebe [estadounidense, 36 años, vendedor, condenado a quince años de trabajos forzados].
Michael Schwab [alemán, 33 años, tipógrafo, condenado a cadena perpetua]:

'Hablaré poco, y seguramente no despegaría los labios si mi silencio no pudiera interpretarse como un cobarde asentimiento a la comedia que se acaba de desarrollar. Lo que aquí se ha procesado es la anarquía, y la anarquía es una doctrina hostil opuesta a la fuerza bruta, al sistema de producción criminal y a la distribución injusta de la riqueza. Ustedes y sólo ustedes son los agitadores y los conspiradores'. Michael Swabb.

Muerte en la horca

El 11 de noviembre de 1887 se consumó la ejecución de:
Georg Engel [alemán, 50 años, tipógrafo].Adolf Fischer [alemán, 30 años, periodista]. Albert Parsons [estadounidense, 39 años, periodista, esposo de la mexicana Lucy González Parsons aunque se probó que no estuvo presente en el lugar, se entregó para estar con sus compañeros y fue juzgado igualmente. Hessois Auguste Spies [alemán, 31 años, periodista]. Louis Linng [alemán, 22 años, carpintero].

Consecución de la jornada laboral de ocho horas

A finales de mayo de 1886 varios sectores patronales accedieron a otorgar la jornada de ocho horas a varios centenares de miles de obreros. El éxito fue tal, que la Federación de Gremios y Uniones Organizadas expresó su júbilo con estas palabras: 'Jamás en la historia de este país ha habido un levantamiento tan general entre las masas industriales. El deseo de una disminución de la jornada de trabajo ha impulsado a millones de trabajadores a afiliarse a las organizaciones existentes, cuando hasta ahora habían permanecido indiferentes a la agitación sindical'. FIN

MAY DATE SALUTE TO THE CANADIAN AND INTERNATIONAL WORKING PEOPLE
- WORKERS HAVE THE POWER TO END THIS CRISIS! -

Latin American Solidarity Committe-Saskatoon. MAY 1, 2014

May Day is a time of reflection of past struggles, a time to remember martyrs and fighters, landmarks of our history, international solidarity and awareness of self, class consciousness. The most important thing that International May Day brings is the realization that all our culture, our martyrs and our struggles are for the future, for a vision of a future free from exploitation, war and greed. A future of peace and prosperity. That is why the concept of May Day must be on the streets, in the workplaces, in internationalist solidarity and in the unbreakable expression of the people's will, unshakeable, anti imperialist and visionary.

Imperialism, the last stage of capitalism, is in an incurable stagnancy marked by declining rates of profit which in turn brought on the crisis, a crisis which is not just cyclical but also structural in nature. If the rate of profit has declined, the absolute volume of profit has not.

The Harper’s Conservative Government and the people they represent seek a larger share a large global summition of imperialism, and a bigger role in the military subjugation of peoples. They seek to shed the cloak of junior partners and dream of full partnership in the imperialist camp.

They offer our young people the choice between the military, the food banks, or the part time existence of the fast food services. Every month they engineer figures to show unemployment is decreasing and every month there are more unemployed.

They manufacture the lie of labour and skill shortages so they can use the 'Temporary Foreign Worker Program' to hold down wages and super exploit trafficked 'guest workers' from other countries, while maintaining high levels of unemployment to keep our young people desperate and vulnerable. The 'guest workers' are our brothers and sisters who they seek to use and then discard. But we are not deceived, we will embrace them and fight for them because they are of our class, of our family.

The working class does not march in *protest* on May Day, but to declare our *power* to organize ourselves behind our own class ideology -- scientific socialism.

We are not ‘speaking truth to power’ but asserting that we ** already have the power ** to overturn the tyranny of capital over labour. All that is lacking is the organization needed to *use* it.

It is, of course, vital to oppose the destruction of the welfare state, the closure of factories, the slashing of benefits, the massacre of jobs, the freezing of wages, the undermining of pensions, the imposition of zero-hours contracts, the instigation of new wars and all the ‘austerity’ measures driven by the capitalist crisis.

Taking part in such struggles will help us to develop the organizational and political skills we need to secure victory in the bigger battle that lies ahead -- the struggle to free ourselves from the capitalist system altogether.

But we will not acquire those essential skills if we cling to the illusion that ** protesting alone ** will ‘make a difference’. No amount of ‘pressure’, signatures on e-petitions, or polite marches will ever *persuade* the capitalist class to ‘see reason’ and change its ways.

The crisis of capitalism is so deep that no capitalist government, ** Labour included **, can do other than drive workers into poverty at home and wars abroad. To end the crisis, we must end capitalism.

When false friends of the working class on the ‘left’ insist that the crisis is not really so bad as it is painted -- they are ** misleading workers ** about the real scope and severity of the crisis and *hiding* the scale of its consequences.

** capitalism cannot be regulated out of its inherent contradictions, but must be overthrown and replaced with socialism **.

And yet without that basic understanding, all that workers are being offered by these great ‘leaders’ is more of the same pointless protest-politics. Instead of helping us to get onto our feet and get organized to take on our class enemies, they have invited us to sit in the ditch and dream.

They are all desperate to persuade workers that capitalism can be reformed by mass protest; desperate to *stop* us from learning Marxist science, taking a revolutionary path and abolishing the system that is at the root of all our problems. Workers don’t need capitalists.

Here’s the truth these illusion-mongers avoid like the plague: ** workers can do without capitalists but capitalists cannot do without workers **.

Without our work, every wheel of capitalist production would come to a halt, leaving the capitalists as kings of a vast and useless realm of means of production.

Workers, on the other hand, are quite capable of using those productive forces for ourselves. Without the capitalists’ need to make profits, the problems and crises of the capitalist system will simply melt away, to be replaced by the simple requirements of planning to meet the needs of the people.

We have it in our power to withdraw cooperation from the barbaric wars of national oppression being waged by imperialism. Collectively, we can *refuse* to fight; *refuse* to assist the war effort by making or moving armaments and materiel; *refuse* to help broadcast or print the propaganda that hides the truth about american and Canadian dog leaking imperialism’s vast and terrible war crimes.

It is left to the communists to point out the truth that those who claim to ‘represent the electorate’ in only really represent our enemies. A class collaborationist approach.

'Marx grasped this essence of capitalist democracy splendidly when ... he said that the oppressed are allowed once every few years to decide which particular representatives of the oppressing class shall represent and repress them in parliament!' [Lenin]

In order for the working class -- the overwhelming majority of Canadian’s population -- to unite and go onto the offensive against capitalist exploitation and war, we must first rid ourselves of the paralysing influence of Labour -- and all those who are in any way involved with promoting or prettifying it.

As the crisis deepens, the message that communists bring to workers is simple:

-- We are in the throes of an overproduction crisis far greater even than those which drove the world into slump, wars and revolution twice in the last century.

-- The only ‘solution’ on offer from any *capitalist* party is to drive workers into deeper poverty, escalating racism and endless war.

-- The *socialist* solution to the crisis needs workers to take the lead in transferring the means of production from private to public hands, thereby ending the contradictions that lead to crisis and war.

In order to accomplish this task on behalf of society as a whole, the proletariat needs to build a strong organization; one that has the strength in both numbers and understanding to lead workers in overthrowing the dictatorship of the billionaires.

In its place, a state of the working class will be tasked with building a planned socialist economy, organized to meet the needs of the many rather than to make profits for a handful of parasites.

** Join us and help to make it happen! **

http://www.fortinmapocho.com/detalle.asp?iPro=2650

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La guerra psicologica permanente

Las características de la guerra actual, por el control de los mercados y de los recursos naturales no renovables del planeta que implica en todos los casos, el reordenamiento económico, político, social y cultural de grandes regiones del mundo mediante la absoluta supremacía tecnológica, es definida como "guerra de cuarta generación". Sin embargo y a pesar de los eufemismos, la guerra aún consiste en imponer la voluntad propia al adversario, por cualquier medio. El secreto fundamental de la guerra es el secreto, dice el clásico manual militar de operaciones, ¿entonces como operar en un universo en el que todos estamos siendo observados? En escenario en el que las corporaciones están en guerra contra cualquier forma de disidencia que no pueda ser usada en su beneficio, por vía directa o indirecta. En el que el control de los aparatos militares, de gobierno, de legislación y de justicia, responden directamente al control de estas corporaciones . Y en el que cualquiera por banalidad o indiscreción, es capaz de grabar o tomar imágenes o vídeo, de cualquier persona o acontecimiento. Mientras que tres o cuatro compañías controlan todo el tráfico informativo, nuestras preferencias y nuestras conductas son tipificadas y analizadas. Somos espiados todo el tiempo. En un mundo virtual en donde renunciamos a nuestra privacidad casi voluntariamente, alentados por las practicas socialmente instituidas. Por tanto la resistencia necesariamente debe ser global. La guerra actual es sobretodo tecnológica, de control, propaganda y desinformación masiva, es una Guerra Irregular, Asimétrica. Ésta es operada sobre nuestra voluntad mediante la propaganda sistemática y masiva, y repite como siempre lo ha hecho la propaganda de guerra, "tu eres débil", "tu no tienes posibilidades de ganar, ni siquiera tu propia salvación", "tú solo puedes claudicar antes o después", RÍNDETE .

"...En ésta clase de guerra, (<< psicológica permanente, irregular, asimétrica, de cuarta generación >>), no puedes -no debes- medir el éxito del esfuerzo a través del número de puentes destruidos, edificios tumbados, vehículos quemados, o bajo cualquier otro estándar que ha sido utilizado en la guerra regular tradicional. La tarea es destruir la eficacia y la efectividad de los esfuerzos del adversario y su capacidad de utilizar a la población para sus propios fines..."

Curtis E. Lemay

General Estadounidense

El problema del capitalismo serio es similar al de las hadas y los duendes, es decir: nadie ha conseguido pruebas de su existencia salvo en la mitología.