"...Hoy en día el escritor que quiera combatir la mentira y la ignorancia y quiere decir la verdad debe luchar al menos con cinco dificultades. Precisa coraje para decir la verdad que en todas partes está sofocada. Inteligencia para reconocerla dado que en todas partes está escondida. El arte de tornarla manejable como un arma. Suficiente criterio para elegir a aquellos en cuyas manos será eficaz. Y finalmente suficiente astucia para difundirla entre ellos..." Bertolt Brech

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9 ago. 2013

El único plan de gobierno es el negocio del control del aparato del Estado

Es completamente falso sostener abiertamente que el próximo domingo se elija algo. El partido de Estado no tiene plan de gobierno. Su único plan es permanecer en el control de los negocios del Estado.

Lo que sucederá el próximo domingo, no suscita el mas mínimo interés en la población, que diariamente ve capturado su poder adquisitivo por la devaluación permanente y sistemática del salario, por un enorme y asfixiante régimen de contribuciones que carga sobre las mayorías populares los déficit de la gestión capitalista del Estado argentino.

Se trata de un ejercicio burgués delegatorio, mediante el cual la clase dominante reemplaza a sus gerentes en funciones. Incorpora a la lógica electoral, de la pelea por el reparto del capital, a las disidencias, y las neutraliza, integrándolas en ámbitos deliberativos dominados por las mayorías impuestas por la narcopolítica y la dependencia transnacional

El aparato propagandístico de la empresa de marketing que gerencia el control del Estado, satura su programación con discusiones sin sentido, con el claro objeto de apropiarse de la potencia y del discurso que ha ido permeando la subjetividad de los sectores populares.

Una retórica latinoamericanista, populista, antiimperialista que en boca de mercenarios solo resulta una pose rentable electoralmente. Un gesto de propaganda. Como el poncho rojo y las patillas de Carlos Ménen.

El patriotismo de jurarle lealtad a los mercados, al imperio Romano y a laos think tanks de Washington. Un buen gesto para volver a recrear un pacto de buenos negocios, a costa de la miseria para las mayorías. Lo único que el gobierno del Estado burgués tiene para ofrecer y extorsionar a los votantes son las llamadas Asignaciones universales. Ninguna otra cosa que un subsidio al consumo.

El único espacio político que logró reestructurar su discurso, aunque no su practica, durante la década neoperonista, ha caído en su propia dinámica de clase, cómplice, rentista, pequeñoburguesa y desclasada.

El próximo domingo muchos millones de personas votaran; aunque según las encuestas la participación será la mas baja de la historia del periodo post De La Ruista.

El entramado de poder incorpora a este acto de puesta en escena de su propia capacidad para recomponerse, a más de medio millón de adolescentes, muchos de ellos vírgenes en todo sentido. Estos se sumaran a los padrones, aunque elegir, no elegirían absolutamente nada.

Una parte importante de la clase media urbana, no elegirá las boletas del partido de gobierno, no se trata de simpatías o antipatías pasajeras, sino de una condición formal, estructurante. Se trata de que la clase media urbana está determinada por su propia condición económica a ser el furgón de carga de la fiesta capitalista, y no encuentra espacio en el relato y el discurso de la conciliación de clases y el albedrío de la narcocracia y la parapolitica, dentro de un orden social, impuesto por los ricos crecidos a la sombra del lúmpem negocio de los mercenarios del poder, y la custodia del trono de la viuda bonapartista de Néstor Kirchner.

La derecha nostálgica del terrorismo de estado, que NUNCA será democrática, encuentra de este modo, el espacio propicio en el ámbito de la sociedad, para el discurso voluntarista, casi evangélico, según el cual, las alianzas de clases dominantes, militaristas, burguesas, yanquidependientes, se presentan como única garantía del nuevo orden político, fundado y arrebatado a la pulsión popular, después de la explosión de la partidocracia tradicional.

No es cierto que el partido del orden capitalista tenga un proyecto liberador, ni popular, ni latinoamericanista.

Ni siquiera es cierto que el partido de gobierno tenga un programa de gobierno.

El Kirchnerismo es todo lo que el capitalismo argentino y su sistema de gerenciamiento del control de los asuntos del gobierno del Estado, pueden conceder a las mayorías sin perder sus propios privilegios. Sus propias contradicciones de clase lo colocan en el pasado y no en el futuro de cualquier proyecto emancipador. Sus adversarios electorales, son en mayor o menor medida, los enemigos del pueblo, pero eso no significa que estos contingentes de burócratas desclasados, representen los verdaderos intereses y necesidades de las mayorías.

Nada nuevo, ni valiente, ni trascendente puede ser edificado en torno a los distintos conglomerados del posibilismo neoperonista.

Jurar lealtad a estas direcciones, hipócritas, desclasadas, aparatistas, que hacen del espectáculo de la miseria y la pena ajena, excusa para acrecentar sus cuentas en paraísos fiscales; a la vuelta de la esquina no significa otra cosa que entregarle a la derecha tecnócrata y neofascista, el protagonismo que nunca podría haber recuperado, de no ser por el intrépido y abnegado trabajo de la inmensa corte de mercenarios y traidores, a la causa de la libertad y la felicidad del pueblo argentino, que recorren a diario los pasillos de la casa Rosada.

La derecha por obra y gracia del neoperonismo posmoderno, consigue un carácter de interlocutor valido, una autoridad política que su principal adversario en términos electorales necesita otorgarle, para poder luego, desapropiarla de él. Se trata siempre de la misma legitimidad burguesa. Se trata de la autoridad del dinero. Se trata de la autoridad de las policías y los ejércitos privados de lúmpenes y represores.

Frente a las mayorías, el partido de Estado “elige” discutir con el fascismo, porque intenta permanentemente apropiarse de las conquistas y los discursos del movimiento social para sí. Para eso necesita negar cualquier espacio situado, al menos “televisivamente,” a la izquierda de los “partidos” de gobierno.

La tarea fundamental de la política capitalista, de la inteligencia burguesa, es que los trabajadores no tengan proyecto propio. Así es como, el señor Binner por obra y gracia de Humberto Tumini, o Maria Victoria Donda, por ejemplo, y solo por citar algunos casos rutilantes de transformismo electoral, se convirtieron en modelos burgueses de conducta “socialista” par ala propaganda ideológica de Estado.

El domingo se reeligen candidatos en Argentina. Aunque elegir solo se elige los que hay para elegir. Un nombre en un papel.
El voto universal no es garantía de republica, ni de democracia. Sino la forma en que las mayorías renuncian a la participación política y se niegan a si misma su capacidad transformadora.

La tarea de los militantes socialistas, siempre, es hacer política donde el poder establecido encuentra su contradicción. Su limite estructural.

Ríos de sangre obrera separan al pueblo de sus enemigos de clase. No hay puente, ni elección de burócratas, ni gesto, ni pose, ni declaración, ni nada que pueda cambiar realmente las condiciones de vida de las mayorías argentinas, sino mas que una acción antrisistemica permanente, decidida, conspirativa, organizada, contra el sistema capitalista y la esclavitud asalariada.

Encontrar caminos para la acción común, coordinada, para luego ponerla en clave de acción política burguesa, es un error de proporciones enormes, que conduce a la frustración social y en la practica a una regeneración colaborativa, del orden dominante.

Las elecciones solo pueden ser opción de poder, cuando el pueblo puede. Pudiendo. gobernarse a si mismo. Pudiendo constituirse como alternativa de poder antes de las elecciones, pudiendo estructurar su política fuera de los ámbitos enajenados de la política capitalista, no para conseguir financiamiento electoral del orden capitalista, que se espera destruir.

Las elecciones son “herramientas” siempre y cuando sirvan para colocar en lugares de poder a los dirigentes del pueblo, a su vanguardia política. Las elecciones sirven si, pero solo para ganarlas. Solo para eso. Mientras tanto, los que pelean a diario en espacios reivindicativos, esperan, presos de necesidad histórica, la oportunidad de construir la liberación y el socialismo, por el que han muerto mil veces y por la que seguirá peleando hasta que el populismo pequeñoburgués y el mito del ascenso social como vehículo a la realización humana no sea otra cosa, que el fantasma de un triste y dramático pasado.

Pero, aún no se trata del futuro, sino de este presente, este agosto de este 2013 y, de las elecciones. Elección; que es “la acción de elegir”. Entonces elija conmigo no creerles ni una sola palabra. Elija no elegir otro collar para la misma cadena. Elija NO ELEGIRLOS, porqué al menos aquí, en este rincón del desierto; que no es el desierto de lo real; sino el desierto cementerio de los héroes anónimos del pueblo, el desierto de la realidad argentina, no hay nada que elegir.