"...Hoy en día el escritor que quiera combatir la mentira y la ignorancia y quiere decir la verdad debe luchar al menos con cinco dificultades. Precisa coraje para decir la verdad que en todas partes está sofocada. Inteligencia para reconocerla dado que en todas partes está escondida. El arte de tornarla manejable como un arma. Suficiente criterio para elegir a aquellos en cuyas manos será eficaz. Y finalmente suficiente astucia para difundirla entre ellos..." Bertolt Brech

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4 jul. 2013

La “izquierda” que le gusta a los gringos


03/07/13

Todos los políticos en algún momento de su carrera han dicho que son “de izquierda”. Obvio; la referencia simbólica e histórica señala que quienes estaban en ese lado del parlamento francés durante la Revolución defendían los intereses del pueblo pobre. 

Como la masa explotada es mayoría en todos los países del mundo capitalista es ahí donde quieren y deben ir a pescar los proselitistas de oficio, y esto incluye a los que de verdad se ubicaron en la corriente histórica de defensa del oprimido, y quienes quieren ganarse la voluntad de la gente para seguir explotándola.

Pervertido como está el concepto “izquierda” por tanto manoseo ambidiestro, el fenómeno se nota más repugnante cuando las cúpulas empresariales y sus adoradores quieren hacerse pasar por luchadores sociales. Que un empresario diga que su lucha es por los pobres es un chiste que no vale la pena ni explicarlo, aunque muchas veces el discurso cala. Hay gente que de verdad cree que fortaleciendo la empresa privada los que no son empresarios la van a pasar mejor. 

Y gente que cree que puede seguir llamándose “de izquierda” (y hasta revolucionaria) cuadrándose con los que quieren entregarle Palacio de Miraflores y el país (Venezuela) en pleno a los empresarios pro Estados Unidos. 

Pero aquí también hay matices: una cosa es que Leopoldo López y Delsa Solórzano digan que Capriles es socialista, y otra cosa es que lo digan unos aduladores que algo deberían saber respecto a ese tema: Teodoro Petkoff, la secta de Gabriel Puerta (una cosa amorfa y prostituida llamada Bandera Roja) Vladimir y Mario Villegas, Henri Falcón y Andrés Velásquez. 

Todos ellos, con la excepción de los Villegas, fueron alguna vez, en efecto, militantes o participantes de algo que parecía contrahegemónico, hasta que se les salió la clase (media-sifrina) y ahí están diciéndose izquierdistas pero juntándose con las estructuras del enemigo histórico para atentar contra un gobierno de raíces y praxis revolucionarias.

La excepción de los Villegas tiene que ver con que ellos pertenecen a un extraño subgrupo: ellos nunca militaron en nada como no fuera el palabreo vacío de una Revolución teórica que sólo está en la cabeza de ellos, y en la cual los multimillonarios explotadores son también pueblo y merecen tratamiento de próceres, y además padecen de una curiosa dolencia: creen que como su papá fue comunista entonces ellos también lo son. Que la vocación, convicciones y virtudes se heredan genéticamente, entonces ya Mario y Vladimir no tienen que hacer ni demostrar nada porque ya su papá lo hizo por ellos. 

Esto lleva a Mario Villegas a lanzar afirmaciones súbitas como eso de que “Nicolás, no me invites a participar en el Gobierno, que ya yo tengo mi puesto de lucha”, y acto seguido se lanza un ejercicio destinado a hacerle creer a la gente que la mejor forma de ser comunista es secundando al antichavismo en su plan de controlar al Estado para privatizarlo. Interesantísimo caso sicológico que no nos corresponde evaluar.

Todo este disparate de “júntate con el enemigo y haz la revolución en tu contra” tiene soportes o sustentadores discursivos en excelsos personajes que ganaron fama y prestigio en los salones de la “izquierda caviar”, ese sórdido espacio donde los intelectuales “de izquierda” y “de derecha” se entremezclan para dejar claro que son exactamente lo mismo y sostienen el mismo sistema de opresión, con la diferencia de que unos citan a un alemán y a un uruguayo y los otros a un polaco y dos o tres franceses. Estos parásitos de las revoluciones de los pueblos llevan la marca Chomsky, Dieterich, Ramonet y un largo etcétera, sifrinos de academia que apoyaron y apoyarán cualquier invasión y masacre de EEUU o la OTAN si el país invadido no les paga para que escriban a su favor.

Los Petkoff latinoamericanos

El síndrome “izquierdistas con la derecha” vive hoy un momento de euforia, porque una de sus representantes más emblemáticas acaba de ganar unas elecciones primarias en Chile. 

Bachelet es el ejemplo más acabado de cómo un personaje puede pasarse la vida cobrando por unas bofetadas que le dieron hace 40 años. 

Haga lo que haga, privatice lo que privatice, sus partidarios seguirán diciendo que esa mujer es de la “izquierda democrática”, sólo porque Pinochet la maltrató en los años 70 (Pinochet maltrataba a todo el mundo en los 70). 

Algo así como Teodoro Petkoff: el hombre convenció a un montón de ignorantes de que él había sido guerrillero (la prueba: unas fotos en que aparece al lado de Pompeyo empuñando un fusil, con la tupida vegetación del Jardín Botánico de Caracas al fondo)

De doña Bachelet y otros gobiernos políticamente tibios dijo la administración Bush, en 2006: “EEUU no tiene problemas con la izquierda latinoamericana”. 

Declaraciones de la secretaria de Estado norteamericana, Condoleezza Rice, que revelan que los gringos tienen también sus izquierdistas favoritos.

En una comparecencia ante el Subcomité de Operaciones Exteriores del Comité de Asignaciones de la Cámara de Representantes, Rice respondió así a la preocupación que le expresaron varios legisladores demócratas sobre una presunta pérdida de influencia de EEUU en Latinoamérica. 

Dijo Condoleezza que los Gobiernos elegidos democráticamente “son precisamente eso”, y destacó que EE.UU. mantiene “muy buenas relaciones con Brasil, un Gobierno de izquierdas” y, “excelentes” con Chile, donde recientemente asumirá al poder la socialista Michelle Bachelet. Una presidenta tan nefasta que el pueblo chileno prefirió montarse en el burro de Piñera, nomás para salir de la socialista de embuste.

Así que no es sólo venezolana la extraña tendencia a considerar más de avanzada a esa izquierda, obsesión de Petkoff, que se comporta de acuerdo con parámetros de derecha, en contraposición a esa “otra izquierda” que él llama pasional, retrógrada y estalinista, encarnada en Fidel y Chávez. 

Hay quienes apuestan a llamar “socialismo” a la ilusión chilena de bienestar, fabricada mediáticamente a partir de cifras macroeconómicas. La “izquierda” que probablemente volverá a gobernar a Chile no será nunca atacada desde el imperio precisamente porque no es izquierda.