"...Hoy en día el escritor que quiera combatir la mentira y la ignorancia y quiere decir la verdad debe luchar al menos con cinco dificultades. Precisa coraje para decir la verdad que en todas partes está sofocada. Inteligencia para reconocerla dado que en todas partes está escondida. El arte de tornarla manejable como un arma. Suficiente criterio para elegir a aquellos en cuyas manos será eficaz. Y finalmente suficiente astucia para difundirla entre ellos..." Bertolt Brech

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Últimas Notas

22 may. 2013

Un café con un revolucionario en problemas

 
Nos encontramos en el bar San Bernardo, donde ahora prima el ping pong y los viejos que juegan al dominó están en retirada. Es por Corrientes, por Palermo, varios mundos se mezclan en ese boliche, el de los pingponeros, los viejos jugadores de truco y dominó y el de los estudiantes e intelectuales con sensibilidad social. Él pidió un café en jarrito, yo un chop de cerveza negra y nos pusimos a charlar. Nunca dijo su nombre, sólo se me presentó como “un revolucionario con problemas”.
Tengo problemas- me dijo-. Yo tengo bien claro el camino hacia la revolución. Pero no puedo lograr que el sujeto de esa revolución, digámos el pueblo, las masas, la comunidad... ¡Por dios! Simplemente no puedo lograr que tomen conciencia de lo necesaria que es la revolución para ellos. No puedo entender, y me carcome el alma todos los días, como es que pueden ser tan funcionales para con un sistema que moldea la peor versión de ellos, de nosotros, los humanos. ¿Pero quién soy yo? Los amo y los odio. Los amo. Quiero salvarlos, salvarme, salvar el planeta. Los odio. Quiero que se pudran en la miseria de la cual son cómplices, que motorizan con su mera inacción, consentimiento, pereza, indiferencia. Y ahí es que me reconozco un aristócrata de izquierda. Un revolucionario con empatía social, pero con un título de “Sir”, o “Lord”, o algún titulo nobiliario de una comarca galesa llena de ruinas medievales, colgando del cuello, título chillón, título delator y piantavotos. Pero de verdad que quiero ser pueblo como ellos, de hecho lo soy, pero no lo soy. Sufro la misma alienación, las mordeduras ferrosas de los mismos engranajes, pero no soy uno más, como ellos y ellas, no lo soy porque puedo ver más allá. Veo un futuro rojo, veo la Historia desplegando sus alas, veo la potencia de aquello que puede ser, si se piensa y se lucha y se lucha pensando, eso veo donde ellos el vulgar y urgente problema de cómo pagar las cuentas del mes- dice y vacía un sobre de azúcar en el café. Creo en la violencia- continúa-. Sin violencia, sin empuñar la violencia como un legítimo medio para conseguir nuestros legítimos fines, no vamos a poder hacer nada. ¿Quién es el criminal acá? ¿El revolucionario o el burgués criminal que tilda de criminal al revolucionario legítimamente criminal que quiere destruir con crímenes revolucionarios los crímenes estructurales del sistema capitalista? Yo viajo en bondi todos los días hermano... - me dice y se afloja, sorbe café, negro café y me mira, y sus ojos brillan fuego-. Y mi pregunta es: ¿Por qué no se revelan? ¿Cómo es que pueden soportarlo todo sin decir nada? O hay una racionalidad que no logramos comprender, los revolucionarios, o hay una irracionalidad que no logramos racionalizar, los revolucionarios. O las condiciones objetivas del sistema capitalista obturan, con una fuerza y eficacia implacables, las posibilidades del brote de una conciencia revolucionaria, o existe, y este razonamiento me aterra, una composición “espiritual” predeterminada, apriorística, a la que no se le discute. Es decir, o se es revolucionario, se es león, o se es una oveja obediente, siendo muy escasas las posibilidades de una mutación, un traspaso zoológico-revolucionario de un estadio a otro- me dice y yo tomo mi cerveza, con bastante angustia, contagiado por la suya. Y entonces uno se pregunta si tanto militar- me dice- si tanto esfuerzo, sacrificio, abnegación, renuncia, desvelo impotente, vale la pena. Si los que debieran revelarse y plantearse profundamente qué están haciendo con su vida no hacen más que entrar como hormigas a los shoppings y endeudarse en cuotas- dice y sus ojos, caídos en el pozo negro que es su café, crepitan chispazos agresivos, volátiles, dinamita, fuego, rojo, bandera, ideal, ejército, fusil, organización, autogestión, libertad. La veo muy difícil...- dice-. Casi imposible: porque no hay clima ni voluntad, no tenemos ni la teoría ni las máquinas, no tenemos ni la experiencia ni las mentes. Hoy las mentes, los intelectuales de izquierda, nos dedicamos a masturbarnos con las “tensiones”, Tensión por ahí, por allá, uy mirá ahí una tensión, vamos a sacarle una foto y ponerle un epígrafe que diga “qué linda que sos, tensión”. La dialéctica es buena, útil, pero mejores son los cuchillos. Jacobino, voluntarista, revolucionario, se convirtieron en adjetivaciones burlonas que los mismos izquierdistas nos echamos en cara, así de poco propicio está el clima, la cosa. Entonces me pongo a leer, me dedico a la cultura, publico libros lindos pero sin jugo revolucionario, organizo murgas barriales, pinto paredes, ocupo posiciones estratégicas en el Estado y en los Medios de Comunicación, doy apoyo escolar a quienes en verdad necesitan creer, los oprimidos, una vez, en sí mismos, ellos, yo no, por ellos mismos, sin ayuda de nadie, porque yo soy nadie, pero a la vez más que ellos, que no son yo porque sino yo no los estaría nombrando “ellos”. Ves que tengo problemas, hermano- dice y descubre que no tiene más café. Me da vergüenza pedirle cosas a los mozos, siempre- me dice-. Creo que los estoy explotando.

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La guerra psicologica permanente

Las características de la guerra actual, por el control de los mercados y de los recursos naturales no renovables del planeta que implica en todos los casos, el reordenamiento económico, político, social y cultural de grandes regiones del mundo mediante la absoluta supremacía tecnológica, es definida como "guerra de cuarta generación". Sin embargo y a pesar de los eufemismos, la guerra aún consiste en imponer la voluntad propia al adversario, por cualquier medio. El secreto fundamental de la guerra es el secreto, dice el clásico manual militar de operaciones, ¿entonces como operar en un universo en el que todos estamos siendo observados? En escenario en el que las corporaciones están en guerra contra cualquier forma de disidencia que no pueda ser usada en su beneficio, por vía directa o indirecta. En el que el control de los aparatos militares, de gobierno, de legislación y de justicia, responden directamente al control de estas corporaciones . Y en el que cualquiera por banalidad o indiscreción, es capaz de grabar o tomar imágenes o vídeo, de cualquier persona o acontecimiento. Mientras que tres o cuatro compañías controlan todo el tráfico informativo, nuestras preferencias y nuestras conductas son tipificadas y analizadas. Somos espiados todo el tiempo. En un mundo virtual en donde renunciamos a nuestra privacidad casi voluntariamente, alentados por las practicas socialmente instituidas. Por tanto la resistencia necesariamente debe ser global. La guerra actual es sobretodo tecnológica, de control, propaganda y desinformación masiva, es una Guerra Irregular, Asimétrica. Ésta es operada sobre nuestra voluntad mediante la propaganda sistemática y masiva, y repite como siempre lo ha hecho la propaganda de guerra, "tu eres débil", "tu no tienes posibilidades de ganar, ni siquiera tu propia salvación", "tú solo puedes claudicar antes o después", RÍNDETE .

"...En ésta clase de guerra, (<< psicológica permanente, irregular, asimétrica, de cuarta generación >>), no puedes -no debes- medir el éxito del esfuerzo a través del número de puentes destruidos, edificios tumbados, vehículos quemados, o bajo cualquier otro estándar que ha sido utilizado en la guerra regular tradicional. La tarea es destruir la eficacia y la efectividad de los esfuerzos del adversario y su capacidad de utilizar a la población para sus propios fines..."

Curtis E. Lemay

General Estadounidense

El problema del capitalismo serio es similar al de las hadas y los duendes, es decir: nadie ha conseguido pruebas de su existencia salvo en la mitología.