"...Hoy en día el escritor que quiera combatir la mentira y la ignorancia y quiere decir la verdad debe luchar al menos con cinco dificultades. Precisa coraje para decir la verdad que en todas partes está sofocada. Inteligencia para reconocerla dado que en todas partes está escondida. El arte de tornarla manejable como un arma. Suficiente criterio para elegir a aquellos en cuyas manos será eficaz. Y finalmente suficiente astucia para difundirla entre ellos..." Bertolt Brech

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Últimas Notas

20 may. 2013

¿Para qué sirve El Capital?: Iñaki Gil de San Vicente


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Texto escrito para el 2do Encuentro de Escuela de Cuadros que se llevará a cabo en la Fundación Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos (CELARG), Caracas, del 30 de mayo al 1 de junio del 2013.
Estamos reunidos aquí para reflexionar sobre una interrogante ¿Para qué sirve El Capital? La respuesta es simple e inmediata: para avanzar al comunismo mediante la revolución socialista. El Capital fue escrito para ser la obra cumbre de toda la impresionante praxis revolucionaria de Marx, pero también de Engels. Será esta respuesta inmediata la que oriente este texto. Sin la perspectiva práctica revolucionaria, sin la perspectiva política en suma, nada del marxismo es comprensible, y por tanto El Capital es ininteligible. Ahora bien, como iremos viendo, la política marxista no se reduce a la politiquería parlamentarista por muy de izquierdas y de masas que diga ser, y menos todavía burguesa y reformista, sino que en sí misma, la política revolucionaria es la síntesis del resto de prácticas económicas.

INDICE:

1.- ¿PARA QUÉ SIRVE EL CAPITAL

2.- CÓMO LEER EL CAPITAL

2.1.- ¿Es patriarcalista El Capital?
2.2.- ¿Qué es la lectura política de El Capital?
2.3.- ¿Qué es el fetichismo de la mercancía?
2.4.- ¿Cómo leer políticamente El Capital?

3.- EL CAPITALISMO CONTRA LA VIDA 

 3.1.- ¿Hacia el ecocidio?
 3.2.- ¿Es ecologista El Capital?
 3.3.- ¿Qué es el capital financiero y ficticio?
 3.4.- ¿Salvavidas ficticio?
 3.5.- ¿Hacia la sexta extinción?
 3.6.- ¿Crisis alimentaria o hambrunas provocadas?
 3.7.- ¿Tasa de beneficio o salud?
 3.8.- ¿Puede ser racional el capitalismo?
 3.9.- ¿Por qué no es racional el capitalismo?
 3.10.- ¿Capitalismo sin guerras?
 3.11.- ¿Pax Americana?
 3.12.- ¿Ecologismo o ecologismo antiimperialista? 

4. ¿ES EUROCÉNTRICO EL CAPITAL

4.1.- Cuestión laberíntica y compleja
 4.2.- La fuerza material de la cultura popular
 4.3.- Desarrollo desigual y combinado
4.4.- Orígenes del eurocentrismo
4.5.- Eurocentrismo y positivismo
4.6.- Eurocentrismo, marxismo y socialdemocracia
4.7.- Eurocentrismo, bolchevismo y stalinismo
4.8.- Eurocentrismo y debate de Leningrado
4.9.- Eurocentrismo y stalinismo
4.10.- Modo de producción tributario

5. LA DIALÉCTICA DE EL CAPITAL
 
5.1.- Engels y la dialéctica
5.2.- La dialéctica, el método científico y Hegel
5.3.- Flexibilidad y complejidad de la dialéctica.
5.4.- Subjetividad y objetividad en la dialéctica
5.5.- Dialéctica de la complejidad
5.6.- Dialéctica de la naturaleza
__________________________________________________________________

1.- ¿PARA QUÉ SIRVE EL CAPITAL

Estamos reunidos aquí para reflexionar sobre una interrogante ¿Para qué sirve El Capital? La respuesta es simple e inmediata: para avanzar al comunismo mediante la revolución socialista. El Capital fue escrito para ser la obra cumbre de toda la impresionante praxis revolucionaria de Marx, pero también de Engels. Será esta respuesta inmediata la que oriente este texto. Sin la perspectiva práctica revolucionaria, sin la perspectiva política en suma, nada del marxismo es comprensible, y por tanto El Capital es ininteligible. Ahora bien, como iremos viendo, la política marxista no se reduce a la politiquería parlamentarista por muy de izquierdas y de masas que diga ser, y menos todavía burguesa y reformista, sino que en sí misma, la política revolucionaria es la síntesis del resto de prácticas económicas.

El Capital nos remite una y otra vez a las tres grandes contradicciones antagónicas que explican la pugna permanente entre el marxismo y la ideología burguesa, a saber: Una, la existencia o no existencia de la explotación asalariada, la corrección de la teoría de la plusvalía y del conjunto de la crítica marxista de la economía política. Otra, la corrección de la teoría marxista del Estado, del poder, de la violencia, de la democracia y de la política como quinta esencia de la economía. Y, la valía de la dialéctica materialista como el mejor método de pensamiento crítico y creativo, como la vertebración interna de la ciencia-crítica. Me ciño a estas tres cuestiones elementales porque, como ha demostrado B. Gustafsson, son las que delimitaban en el último cuarto del siglo XIX lo antagónico entre el marxismo y la ideología burguesa. Es cierto que posteriormente, con el desarrollo del capitalismo y de sus contradicciones, se han sumado más puntos de irreconciliabilidad, pero en cierta forma estas diferencias «nuevas» nos remiten a las tres anteriores, básicas e iniciales, dado que debemos partir del criterio de que el marxismo es la «teoría matriz» alrededor de la que giran las subteorías progresistas y alternativas radicales parciales ulteriores. 

Explotación económica, opresión política y dominación cultural, por decirlo simplemente, forman la base sobre la que se ha ido construyendo la barbarie imperialista actual, la que puede llevar al capitalismo a su autodestrucción si avanzan las insurgencias populares en un largo contexto de crisis mundial que se prolonga desde hace años y que le han puesto en un atolladero, aunque dispone todavía de grandes fuerzas de supervivencia no sólo represivas en el sentido físico, también ideológicas, en especial esa muy correctamente denominada «voluntad de no saber» qué está sucediendo, por qué sucede y qué alternativas existen. El poder académico-educativo, el secretismo burocrático, la industria cultural, etc., refuerzan el resto de dinámicas, miedos, egoísmos y limitaciones que impiden con mil sutilezas la reflexión crítica, o que la reprimen abiertamente, de modo que se termina imponiendo lo que alguien define muy correctamente como: 

«La voluntad de no saber (…) “capitalismo”, “imperialismo”, “explotación”, “dominación”, “desposesión”, “opresión”, “alienación”… Estas palabras, antaño elevadas al rango de conceptos y vinculadas a la existencia de una “guerra civil larvada”, no tiene cabida en una “democracia pacificada”. Consideradas casi como palabrotas, han sido suprimidas del vocabulario que se emplea tanto en los tribunales como en las redacciones, en los anfiteatros universitarios o los platós de televisión».

Nos encontramos, por tanto, en un momento en el que el marxismo puede y debe desarrollar su inmenso poder emancipador y revolucionario. El Capital vuelve, otra vez, a recuperar su lugar en la praxis comunista porque, en suma, lo que ya está en juego no es otra cosa que la capacidad de supervivencia de la humanidad trabajadora. Al final del Libro III de El Capital, en el Capítulo XLVI dedicado a la renta del suelo, Marx adelanta una reivindicación decisiva que ahora descubre su radicalidad absoluta: «Ni la sociedad en su conjunto, ni la nación ni todas las sociedades que coexisten en un momento dado, son propietarias de la tierra. Son, simplemente, sus poseedoras, sus usufructuarias, llamarlas a usarlas como boni patres familias y a transmitirla mejorada a las futuras sociedades»

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La guerra psicologica permanente

Las características de la guerra actual, por el control de los mercados y de los recursos naturales no renovables del planeta que implica en todos los casos, el reordenamiento económico, político, social y cultural de grandes regiones del mundo mediante la absoluta supremacía tecnológica, es definida como "guerra de cuarta generación". Sin embargo y a pesar de los eufemismos, la guerra aún consiste en imponer la voluntad propia al adversario, por cualquier medio. El secreto fundamental de la guerra es el secreto, dice el clásico manual militar de operaciones, ¿entonces como operar en un universo en el que todos estamos siendo observados? En escenario en el que las corporaciones están en guerra contra cualquier forma de disidencia que no pueda ser usada en su beneficio, por vía directa o indirecta. En el que el control de los aparatos militares, de gobierno, de legislación y de justicia, responden directamente al control de estas corporaciones . Y en el que cualquiera por banalidad o indiscreción, es capaz de grabar o tomar imágenes o vídeo, de cualquier persona o acontecimiento. Mientras que tres o cuatro compañías controlan todo el tráfico informativo, nuestras preferencias y nuestras conductas son tipificadas y analizadas. Somos espiados todo el tiempo. En un mundo virtual en donde renunciamos a nuestra privacidad casi voluntariamente, alentados por las practicas socialmente instituidas. Por tanto la resistencia necesariamente debe ser global. La guerra actual es sobretodo tecnológica, de control, propaganda y desinformación masiva, es una Guerra Irregular, Asimétrica. Ésta es operada sobre nuestra voluntad mediante la propaganda sistemática y masiva, y repite como siempre lo ha hecho la propaganda de guerra, "tu eres débil", "tu no tienes posibilidades de ganar, ni siquiera tu propia salvación", "tú solo puedes claudicar antes o después", RÍNDETE .

"...En ésta clase de guerra, (<< psicológica permanente, irregular, asimétrica, de cuarta generación >>), no puedes -no debes- medir el éxito del esfuerzo a través del número de puentes destruidos, edificios tumbados, vehículos quemados, o bajo cualquier otro estándar que ha sido utilizado en la guerra regular tradicional. La tarea es destruir la eficacia y la efectividad de los esfuerzos del adversario y su capacidad de utilizar a la población para sus propios fines..."

Curtis E. Lemay

General Estadounidense

El problema del capitalismo serio es similar al de las hadas y los duendes, es decir: nadie ha conseguido pruebas de su existencia salvo en la mitología.