"...Hoy en día el escritor que quiera combatir la mentira y la ignorancia y quiere decir la verdad debe luchar al menos con cinco dificultades. Precisa coraje para decir la verdad que en todas partes está sofocada. Inteligencia para reconocerla dado que en todas partes está escondida. El arte de tornarla manejable como un arma. Suficiente criterio para elegir a aquellos en cuyas manos será eficaz. Y finalmente suficiente astucia para difundirla entre ellos..." Bertolt Brech

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Últimas Notas

28 nov. 2012

El hambre es un crimen. Ni un pibe menos [video]



Cada 2 horas muere un niño en Argentina. De pobreza, de odio de clase, de injusticia, Son los muertos silenciosos; la historia en los policiales; el dato estadístico.
Entonces según parece, cualquiera que no consiga la categoría de buen consumidor, ya no será digno de ser parte del futuro de la civilización capitalista.

La miseria de la condición humana, no solo es materia para la filosofía.
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Argentina: ¿Y qué se yo?


1. Desde la administración nacional de turno ya no se habla más de ‘sintonía fina’, ‘modelo´ ni ‘relato’. Ahora se dice `proyecto’. Es decir, un término igualmente vago, pero que acusa la pérdida de fortaleza política, refleja la tensión movediza y frágil de su condición actual, modera sus certezas.

2. La administración nacional de turno está flanqueada por el decaimiento vertiginoso de su popularidad. Argentina continúa siendo un país de servicios, agrosojero y extractivista, gobierna el capital financiero, depende de la economía  brasilera, los precios que impone China, es tutelada por los intereses del Estado corporativo norteamericano y por los singulares fueros de Israel. Como una totalidad donde cada fracción del capital concentrado y transnacional (donde el nacional es sólo la fachada de las megacorporaciones mundiales) se organiza de acuerdo a sus fuerzas para imponer con éxito transitorio el programa ultraliberal.

3. Las privatizaciones en forma de concesiones temporarias, la apertura sin trabas a la megaminería del despojo antisocial, el problema de la tierra jamás resuelto mediante un conato siquiera de reforma agraria cuando los dueños son apenas un puñado;  la política franca y escalonada de recortes de subsidios a los servicios sociales como el gas y la luz; y la mezcla explosiva de decrecimiento económico con inflación marcan el declive de la ‘era K’. No importa que circunstancialmente la actual administración del Estado se apoye en la ausencia de liderazgos y la falta de alternativas políticas en competencia.

4. El sistema de partidos políticos, al igual que en gran parte del mundo, está en crisis. Que momentáneamente la alternancia más visible para las presidenciales de 2015 se encuentre en el gobernador de la provincia de Buenos Aires, Daniel Scioli –del mismo cuño que la mandataria Cristina Fernández-, o en los intentos erráticos del representante de la derecha tradicional, Mauricio Macri, jefe del gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, no significa mucho cuando se trata de la incorporación plena de Argentina al movimiento del capitalismo real y en crisis civilizatoria. Como en casi todo el planeta, los gobiernos de turno son expresiones de democracias acotadas y antipopulares y cuyos poderes se limitan a la pirotecnia mediática mientras el auténtico capital mandarín saca cuentas y exige gobernabilidad y paz social. De no obtener garantías ni ganancias, de manera más o menos compleja, pero objetivamente concreta, se mete al bolsillo las pujas de la democracia formal y elige al mejor administrador para la fase actual de la reproducción capitalista.

5. En el país de Cortázar y Borges, de cada 10 niños que ingresan a la primaria, sólo 4 egresan de la secundaria; el 60 % de la fuerza de trabajo está informalizada y precarizada; la subcontratación, el subempleo, el empobrecimiento de la facción profesional y sobre todo joven y femenina de los trabajadores, y la tercerización adquieren la manera predominante de la explotación del trabajo asalariado. La bancarrota de la salud pública es de temer; los ahorros previsionales son fuente de endeudamiento del Estado para pagar deuda externa, sostener cada vez más focalizadamente los programas sociales para repobres (parte del control contra estallidos sociales) y contar con recursos para las campañas en las elecciones que ´renuevan’ la mitad del poder legislativo el próximo año.  

6. El llamado ajuste económico no es más que la puesta al día de Argentina con las políticas globales del capital en tiempos de crisis. No es una excepción. Junto con la industria del despojo, un nuevo capítulo de la primarización económica, la conversión en mercancía de todo, la mano dura contra los pueblos indígenas en pie de resistencia, la intensificación de la explotación del trabajo asalariado, la consolidación del momento especulativo del capital, la prosperidad del narcotráfico y la red de trata y prostitución infantil, el desmantelamiento de los derechos laborales  y la financiarización de la sociedad, el país ingresa al capitalismo del siglo XXI rápidamente.

7. Lleno de contradicciones, el pueblo trabajador argentino vive al día, es presa de luchas corporativas, no llega a fin de mes salvo con microcréditos en supermercados y casas comerciales, promedia 12 horas de trabajo al día, reproduce el patriarcalismo de las clases mandantes y soporta a duras penas la inseguridad. Pero no tanto de la delincuencia devenida de la miseria, sino de la inseguridad de mantener o conseguir un empleo digno, la inseguridad sobre el futuro de sus hijos, la inseguridad de jamás acceder a una vivienda propia, a una jubilación que le alcance para medicarse y sobrevivir después de haberse reventado toda la vida en oficinas, fábricas, vendiendo en la calle, atendiendo llamadas, atorando archivadores, conduciendo un taxi, levantando construcciones abandonadas a medio camino, amasando pastas, podrido en pueblos del interior, tan lejos del tiempo libre y de la libertad. Terceras generaciones de migrantes europeos pobres puteando a primeras generaciones de migrantes fronterizos. Jóvenes atados a un blackberry viajando en trenes de hace más de medio siglo, observando plazas y parques enrejados, descargándose en la hinchada de cualquier equipo de fúltbol y tocando el violín o haciendo magia en los vagones del subte. Capturando la felicidad fugaz, el instante, esperando el futuro que no llega nunca.

8. Mientras, probando y probando, todavía en lo oscuro, pateando la perra, remendando lo útil y desvistiéndose de viejas camisas, aventurando el desconcierto y la voluntad de cambiarlo todo en pintadas descreídas, en grupos pequeños, en resistencia y rebeldía que aguarda su hora, una lámina encendida del pueblo argentino apura su organización emancipadora, convencida de que la vida está en otra parte. Mi cabeza marcha junto a ese corazón que piensa y hace y no se resigna. Porque, al decir de Neruda, “…yo sé hacia dónde vamos, / y es ésta la palabra: / no sufras / porque ganaremos, / ganaremos nosotros, / los más sencillos / ganaremos, / aunque tú no lo creas, /ganaremos.
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NO es lucha de clases ... es "ejercicio legítimo de la violencia proimperialista"

http://www.anred.org/IMG/jpg/602318_523143364363340_902478121_n-2.jpg
Represión a manifestantes antiminería 27.11.012
"Manual de ciencia política"  Juan Manuel Abal Medina, Eudeba. 2010

"...Las dos características que hacen del estado una institución singular son, en primer lugar, que tiene el monopolio legítimo de los poderes coercitivos, del que carecen las demás instituciones y, segundo, el hecho de que los ciudadanos, en lo individual o lo social, no pueden evitar pertenecer a él, es decir, el estado posee una notable capacidad de secularización. A la hora de definir el estado surge inmediatamente el nombre de Max Weber (1864-1920), quien no sólo analizó el proceso de surgimiento del estado moderno sino que además formuló una definición de este concepto que, hasta hoy, es la más aceptada en las Ciencias Sociales:

Definición de estado moderno según Weber [El estado es] “una asociación de dominación de tipo institucional, que en el interior de un territorio ha tratado con éxito de monopolizar la coacción física legítima como instrumento de dominio, y reúne a dicho objeto los medios materiales de explotación en manos de sus dirigentes, pero habiendo expropiado para ello a todos los funcionarios estamentales que anteriormente disponían de aquellos por derecho propio y sustituyéndolos con sus propias jerarquías supremas” (Weber, 1964 [1922]: 1060).

El primer elemento fundamental que surge de esta definición de estado es que constituye una asociación política de dominación que reclama el monopolio legítimo de la coacción sobre un territorio delimitado. Weber (1987 [1919]: 83) se encarga de aclarar que “La violencia no es, naturalmente, ni el medio normal ni el único medio de que el estado se vale, pero sí es su medio específico”. El monopolio de la coacción nos remite a lo que Mann (1991a) denominó el poder despótico del estado, es decir, la capacidad de llevar adelante acciones sin ninguna negociación o consentimiento previo. Al respecto, resulta relevante destacar, tal como lo hizo O’Donnell (1985), que el estado no es sólo una instancia de dominación sino también una instancia de coordinación de las decisiones colectivas y el agente de los objetivos que trascienden la dimensión individual, los de la comunidad en su conjunto. Estas funciones del estado, como garante y organizador de la dominación social por un lado, y como agente de un interés general por otro, tienden a generar una tensión constante, y a veces difícil de resolver."



Enrique Dussel sobre Max Weber; y la supuesta 
"secularización" de las instituciones políticas

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27 nov. 2012

Toda esta sangre en el monte [nota y video]


Entrevista televisiva y vídeo completo



En apenas once meses, Cristian Ferreyra y Miguel Galván fueron asesinados en Santiago del Estero. Los motivos son calcados: empresarios sedientos de tierras convencen a unos pocos pobladores, los convierten en sicarios, y los arrojan contra campesinos que resisten, ante la pasividad cómplice del Estado desarrollista. No hay errores, no hay excesos. Son los mojones de una matriz productiva que aniquila. Este trabajo es una versión Audiovisual de la nota de Rodolfo González Arzac. Realización: Martín Céspedes.

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Foto: Sebastián Andrés Vricella
por Rodolfo González Arzac
Revista Crisis

En apenas once meses, toda esta sangre. Y la indiferencia. A pesar de los tiros, las puñaladas, los campesinos heridos, los campesinos muertos: la guerra. En el monte santiagueño, ahí donde la tierra se confunde con el Chaco y con Salta, las imágenes se repiten: el desembarco de las topadoras, los alambrados todavía brillosos, las guardias armadas, la expulsión de los habitantes a manos de empresarios apañados por efectivos de la Policía y funcionarios de la Justicia. En el monte santiagueño, la riqueza y la pobreza. Las advertencias. Las amenazas. El Estado que no está. Y cuando aparece, mejor correr. Una cinta sin fin.

Cristian Ferreyra murió desangrado un 16 de noviembre después de recibir un tiro de escopeta. Vivía en la comunidad San Antonio, a dos horas y media de distancia de la ciudad de Monte Quemado por un camino de tierra lunar. Tenía 23 años, estuvo a un día de llegar a los 24. Y hacía rato, junto a otras familias, defendía las tierras que las comunidades campesinas ocupan hace mucho más de 20 años (lo que de por sí ya le otorga el beneficio legalmente conocido como usucapión). Cristian Ferreyra fue asesinado, según investiga la Justicia, por encargo. Lo mató un vecino contratado por un empresario. Un vecino que trabajaba para un empresario. Un vecino que, como es habitual en comunidades tan pequeñas, lo conocía bien: hasta tenían un lazo familiar.

Miguel Galván murió el 10 de octubre. Lo degollaron. Y de prepo, ya muerto, le clavaron otra puñalada que le destrozó el hígado. El asesino llevaba un arma con dos balas gatilladas que no salieron. Lo mataron en Salta, pero a pocos metros, unos cien metros, de Santiago del Estero. En el paraje El Simbol. Miguel Galván se había criado en El Simbol, a unas dos horas de la ciudad chaqueña de Taco Pozo por un camino de tierra lunar. En el monte no hay fronteras, apenas árboles bajos, animales, polvo y familias que producen alimentos y que viven entre la austeridad y las carencias. Pero a la zona se la conoce regionalmente como la triple frontera. Miguel Galván vivía en Mendoza. Había vuelto a su tierra para el entierro de su madre, tres meses atrás. Y se había quedado allí, a pesar de que su familia lo extrañaba, y de que él otro tanto, para ayudar a sus dos hermanos: que peleaban con otro empresario y otro vecino del lugar contratado por ese hombre de negocios para despojarlos de sus tierras. El vecino, como suele ocurrir en estos casos, se había criado con él.

Hay operaciones torpes. Pero, de manera increíble, a veces resultan efectivas. El gobierno de Santiago, y la Justicia, y el gobierno de Salta, y su Justicia, y los medios de los empresarios de ambas provincias, intentaron instalar en estos días la idea de que el asesinato de Miguel Galván fue una cuestión familiar. Una cosa de pobres, en el medio de la nada. Lo mismo habían hecho, once meses atrás, cuando le tocó a Cristian Ferreyra.

El viernes, de mañana, en El Simbol, con el cajón de su esposo de fondo, con las velas derretidas después de arder toda la noche, con su pequeña hija aún sin entender qué era todo eso que pasaba alrededor suyo, en el ranchito de los Galván sin agua y sin luz, sin señal de teléfono, entre gallinas y cabritos, Julia la esposa de Miguel Galván lo dijo clarito: 

–Mi esposo va a ser enterrado acá, en el lugar que se crió, para que vean que acá vive gente. Mi esposo se quedó a ayudar a sus hermanos porque les quieren robar la tierra. Mi esposo nunca peleó. Creía en Dios, era evangelista. Y amaba este lugar, su lugar: El Simbol.

A la hora de las flores sobre el cajón, con los llantos de fondo, el pastor que llegó desde Mendoza, el que daba los sermones que Miguel aceptaba, pidió que alguien escuchara lo que estaba pasando. “Que la Argentina sepa”, dijo, a modo de ruego.

De tarde, con el sol implacable, los campesinos de los 16 parajes del lugar, los que integran la comunidad Lule Vilela (que ya habían recibido la primera visita para registrarse como tal para así evitar los desalojos y poder vivir compartiendo la tierra, sin alambrados: en comunidad), denunciaron que el empresario ya había tratado de proponerles un trato: una poca de dinero, un alambrado, pasto, a cambio de la cesión de una buena parte de sus tierras. Y que el asesino de Miguel Galván, contratado por un tal Figueroa de la Empresa Agropecuaria La Paz, con asiento en la ciudad de Rosario de la Frontera, hace tiempo que sembraba la tranquilidad del lugar con amenazas. En esa misma zona, tres meses atrás, un campesino recibió un tiro en el pecho y salvó su vida de milagro.

La lista de atentados es más larga. En las últimas semanas, algunos familiares de Cristian Ferreyra sufrieron amenazas y golpes. Sergio Arnaldo Ferreyra, primo de Cristian, y querellante en la causa de su asesinato, fue perseguido y golpeado por ocho personas que le exigían que “no se meta más”. El comisario de Monte Quemado, a tono con la historia reciente, se negó a tomarle la denuncia. Otro primo, Maximiliano Gastón Ferreyra, fue encarado en la plaza de Monte Quemado por cuatro tipos encapuchados y armados, que lo amenazaron con ahorcarlo y le robaron la llave de su casa y el celular. Y Noelia Ferreyra también fue amenazada en la Escuela por las hijas de un hermano de Javier Juárez, el hombre acusado por el asesinato de Cristian. Noelia no escuchó palabras. Simplemente, le mostraron balas. En estos once meses tres episodios de desalojos estuvieron cerca de terminar en asesinato. Fueron en la comunidad Villa Matoque, en el departamento Pellegrini y, el último 1 de julio, en el paraje Choya. En todos los casos, varios campesinos resultaron con heridas de bala. Los están fusilando.

Ante la indiferencia generalizada, ante el temor de perder lo poco que tienen, ante el pavor que les genera la posibilidad de terminar en la ciudad sin posibilidad alguna de trabajar de nada (porque lo que saben es criar animales, producir alimentos sanos, porque no estudiaron, porque sus familias siempre vivieron así, con tan poco, y esos fueron los buenos oficios que les transmitieron), con la certeza de que abrazados tienen más chances que solos, la mayoría de los campesinos de la zona integra el Movimiento Campesino de Santiago del Estero, tal vez, la organización de este tipo más fuerte del país, un movimiento autónomo, la barrera con la que se encuentran a menudo los empresarios sin capacidad de dominar su voracidad.

Por eso también, los empresarios y sus medios, y algunos pocos desorientados, en el mejor de los casos simplemente equivocados, o improvisados, o ventajeros, o carroñeros, en estas horas le apuntaron al Mocase-VC. “Hacen política con la tragedia”, les dijeron. Cuando lo que hacen, y eso es fácil de apreciar en el monte, es política, sí, pero para tratar de evitar las tragedias encadenadas y los atropellos. Para tratar de emparejar el desamparo. Con la intención desembozada de defender a los que tienen otra concepción de la tierra, de los alimentos. Y de tantas otras cosas más.
En estos once meses, toda esta sangre. Y el engorde de una certeza: la urgencia de que los que pueden detener la masacre dejen de mirar al costado. Porque todo crimen tiene un autor material. A veces, otro autor intelectual. Y, otras veces, casi siempre, responsables políticos.
 
 
 
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Materialmente pobres por Silvio Rodriguez

http://www.cubadebate.cu/wp-content/uploads/2012/11/segunda-cita-580x193.jpg

por Silvio Rodriguez 
 
En la entrada anterior recibimos muchas muestras de solidaridad por el daño que nos hizo el huracán Sandy. Incluso apareció la idea de hacer una colecta para los damnificados, aprovechando los próximos conciertos que haremos por el cono sur americano. Yo respondí pidiendo un poco de paciencia, seguro de que nuestra respuesta al desastre iba a ser inmediata y enérgica, como es costumbre en nuestro país cuando ocurre este tipo de cosas. Por esos días algunos segundaciter@s se hicieron preguntas en voz alta que inevitablemente me llevaron a reflexiones. No era el mejor momento para ponerme a pensar en estas cosas, porque me encuentro ensayando intensamente para la gira, y cuando llego a casa continúo elaborando ideas musicales. Pero ¿quién para el pensamiento? Así que una mañana, muy tempranito, antes de irme a ensayar, esbocé una idea y se la mandé a Guillermo Rodríguez Rivera y a Víctor Casaus, para que me dijeran lo que pensaban. Esta entrada consiste en eso: en lo que tecleé esa mañana y le mandé a mis amigos, y en lo que ellos me respondieron. En cuanto les leí, me di cuenta de que lo dicho por ellos completaba y ampliaba mi planteo inicial. Por eso les propuse que lo publicáramos. En definitiva se trata de asuntos que a todos nos interesan. Víctor, por estar también en un berenjenal de trabajo, fue más parco y “amenazó” con seguir participando aquí en el blog, cuando tuviera un chance.
He aquí lo que yo expuse:

Materialmente pobres

La verdad es que somos materialmente pobres. No tenemos grandes yacimientos, excepto de níquel, cuyo valor ha bajado en el mercado mundial en los últimos años. También parece que tenemos algo de petróleo, lo que se está explorando todavía. Estamos rodeados de agua salada pero tenemos poca dulce: no tenemos ríos caudalosos de los que pudiera extraerse fuerza para turbinas generadoras de electricidad.
Nuestro más valioso yacimiento es el humano, porque gran parte del pueblo está instruido, gracias a una política correcta que se instauró desde hace medio siglo. Eso y la tierra, aunque es difícil que un pueblo educado decida dedicarse a la agricultura. Los estudios relacionados con el campo trataron de estimularse, pero la mayoría quería ser médico, ingeniero, arquitecto, o sencillamente vivir en las ciudades. Uno de los dramas anteriores a la Revolución era que las tierras pertenecían a grandes latifundios, generalmente de empresas foráneas; los que la trabajaban no eran propietarios sino peones. La Revolución hizo dos reformas agrarias y repartió tierras a quienes las querían trabajar, pero por una política agraria sin luz larga los hijos de los propietarios de tierras se fueron de los campos, y hoy resulta que hay que importar la mayoría de los alimentos que consumimos, a pesar de que podríamos producirlos.
No me ofende que alguien nos diga pobres, porque somos dignos. Fuimos capaces de lanzarnos a una concepción elevada del ser humano. Quizá pecamos de idealistas, pero teníamos dos mundos que comparar: el injusto que habíamos vivido y el solidario que soñábamos construir. Los desganos actuales no son por falta de memoria: es que los que comienzan a decidir no tienen edad de recordar lo que fuimos. Y ¿qué convence a las nuevas generaciones de que respondan por las vidas de sus abuelos, más que por la propias? El mundo parece funcionar por reglas ancestrales, por lo básico que se suele entender: si trabajas, tienes; si tienes, te das el gusto de hacer lo que desees.
La actualidad parece estar violentando nuestro espíritu al volvernos realistas, lo que en cierto sentido podría parecer que nos empobrece, porque nos hace sacar más cuentas, no sólo de lo que tenemos y aspiramos sino de lo que estamos dispuestos a dar. Muy al principio de la Revolución, Fidel dijo una vez: “Nos casaron con la mentira y nos obligaron a vivir con ella. Por eso nos parece que se hunde el mundo cuando escuchamos la verdad. Como si no valiera la pena que el mundo se hundiera, antes que vivir en la mentira.” (*) Aunque parezca contradictorio, lo cierto es que la forma de ser que teníamos, la más elevada, la más altruista, además de bien, también nos hizo daño: creó demasiada seguridad. Fabricamos un mundo en el que, incluso sin trabajar, algunos podían sobrevivir. Y lo cierto es que somos un país sin mejores recursos que nosotros mismos, los que lo habitamos.
Si pensamos que es justo que todos tengamos derechos, no debemos olvidar que también es muy justo que todos aportemos. Porque no se trata de que por haber nacido nos toquen todas las bondades, y nos las den, y después nos las sigan dando, como si la vida fuera un interminable biberón; se trata de que, porque nacimos y somos ayudados a sobrevivir, tengamos la oportunidad de ganarnos el bien que seamos capaces de realizar. Ese principio, el derecho a lo honradamente trabajado, debiera ser nuestra mayor riqueza.

 (*) citado de memoria.

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Respuesta de Víctor:

silviano:

te comento rápido. y después te mando dos msjitos más rápidos entodavía sobre otros temas.

el texto me parece bueno para el blog porque abrirá conversaciones y debates sobre varios temas muy importantes: los sueños soñados y la cruda realidad actual; el énfasis en que la mayor riqueza es el llamado capital humano, fruto de aquellos sueños implementados a través de la educación...

uno de los problemas más graves para la agricultura fue  que la luz larga que se aplicó no fue acertada: intentó el desarrollo a partir de las grandes grandes empresas  agrícolas estatales que no fueron eficientes: una especie de tercera reforma agraria se está realizando desde hace pocos años eliminando esas grandes empresas y entregando la tierra a campesinos y cooperativistas.

el fracaso de la producción de alimentos también tuvo que ver con la pertenencia de cuba al came, donde nos tocaba aportar azúcar, niquel y otros productos y las frutas y vegetales llegaban desde bulgaria, la urss, etc. (hay un poema satírico excelente de guillermo sobre eso).

en el aspecto interno otra acción devastadora fue la del cordón de la habana que eliminó las plantaciones históricas de frutales para sustituirlos por café caturra, que no fructificó, como sabemos (está lo contado por raúl sobre el café: enseñamos a los vietnamitas a cultivarlo y ahora es el segundo productor de café del mundo. ah, qué chinitos esos!

en el final creo que habría que mencionar los deberes de los que trabajan y de los que dirigen y organizan, que también deben hacerlo bien, y rendir cuentas por ello.  la metáfora de los pichones (el pueblo, los trbajadores) con los picos abiertos esperando que les echen cosas en el buchecito, que apareció en granma hace pocos años no menciona la responsabilidad de los que les ponían las lombricitas y además animaron la política de piquitos abiertos.

esas y otras cosas podrían salir de los comentarios, y será bueno.  la entrada hace énfasis en la ética, además de la necesaria racionalidad, y eso es muy importante en estos momentos, creo.

abra-son con tecleo relámpago,

victoriano

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Respuesta de Guillermo:

Silvio:

Tu reflexión me parece éticamente irreprochable.

El derecho a lo honradamente trabajado es lo que debe tener un ser humano y conste que ahí operan las circunstancias que rodean ese trabajo y que pueden magnificarlo y hacerlo mucho más valioso, o degradarlo y hacer que finalmente no se evalúe en lo que es.

El hombre está en las redes de esas circunstancias que, muchas veces, no dependen de su bondad ni de su talento.

Cuando tú hablas de las dos reformas agrarias que hemos hecho, no puedo dejar de decirte que si la primera fue una maravilla, la segunda fue el inicio de una cadena de desaciertos que nos llevó a una suerte de neoliberalismo al revés.

Si los neoliberales quieren deificar el mercado y minimizar el estado, nosotros hicimos exactamente lo contrario: casi desaparecer el mercado y construir un superestado que lo manejara todo.

La segunda reforma agraria, con fincas de hasta 5 caballerías – en lugar de las 30 de la primera – desvastó nuestra ganadería. El estado tenía sus grandes extensiones de tierra, pero su ganado iba a ser semiholstein, los F1, que precisaban de alimento especial y no de la humilde pangola que comía el cebú, que dicen que le vendimos a Brasil, porque aquí criaríamos un ganado superior. Pero esa crianza precisaba de los recursos que se fueron cuando se fue la URSS. Confiamos en lo que no era confiable. Después de la 2da RA, vino la Ofensiva Revolucionaria urbana, para completar.

Colectivizamos la tierra (no a la fuerza, como lo hizo Stalin) sino prometiéndole a los campesinos lo que no se podía cumplir. Los que no creyeron en los planes de la Revolución y no entregaron la tierra, hoy son los ricos de nuestros campos. Los abuelos de mi  mujer  -- paisanos tuyos, del sur de La Habana -- fueron de los que creyeron y se empobrecieron.

Como dices, le facilitamos a la juventud campesina el abandonar el campo. Se becaron e hicieron profesionales, pero resultó que tampoco tenían posibilidades, y entonces dejaron Cuba. Nos desangramos día a día por toda la gente joven inteligente que se nos va. Nos roban cerebros, es verdad, pero hay centenares de jóvenes que van encantados a vender los suyos. Ese es el dilema.

Los lineamientos no alcanzan. Seguimos presos en los tabúes de siempre. Los profesionales no pueden trabajar, los profesores no pueden dar clases particulares a pesar de los desastres de la educación, los peloteros no pueden jugar fuera en ligas profesionales. Se les va la juventud, que es la edad del deporte. ¿No podrían jugar fuera en el verano y en invierno en Cuba, como hicieron Miñoso, Amorós y Marrero? Si como dices, y es verdad, es el “yacimiento humano” nuestra riqueza, ¿por qué maltratarlo?

El poder que jamás se pierde, haga uno lo que haga, puede ser también un “interminable biberón” que no nos deja poner los pies en la tierra. Jorge Luis Borges, que no era revolucionario, pero era brillante, se refirió al “antiguo alimento de los héroes: la falsía, la derrota, la humillación”. Hay que ser derrotado, que me humille esa derrota, salir del poder y poder pensar de veras qué hice mal, cómo me levanto” y que acaso venga otro, aunque sea peor, a intentar hacer lo que yo no pude. Es lo que creo, hermano, y yo me voy a morir aquí porque, a pesar de los pesares, esta es la experiencia más hermosa que nos ha tocado vivir. 


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Aporte de Aurelio Alonso,  viernes 2 de noviembre de 2012

Silvio:
Más tarde me sumo a ustedes con algunas apreciaciones en la misma dirección. Aunque adelanto algo, porque me cuesta contenerme: La experiencia - la personal en todas las escalas y la del sistema - me ha llevado a la idea de que la revolución, la que toca a nuestro tiempo y a nuestra geografía, se conforma desde especificidades y se articula a través de muchas revoluciones. Los cubanos logramos desarrollar una formidable revolución cultural, que iniciaron, principalmente, la igualdad social en las políticas de Estado y el efecto masivo de asimilación que la alfabetización abría desde 1961, y que avanzó, con contratiempos que todos conocemos, pero avanzó, escalón tras escalón, hasta hacer de Cuba hoy un país distinto del que vivió la victoria. Distintos por su potencial humano. Pero fracasamos en hacer una revolución agraria, porque hicimos la apuesta a que esta se derivara de una industrialización que imaginamos estaría a nuestro alcance rápidamente. La segunda reforma agraria fue distinta de la primera. Aquella distribuyó tierras a los campesinos; esta redujo las tierras que les habían sido distribuidas, no en beneficio del incremento de la población rural sino en beneficio del Estado. Después vivimos muchos ensayos de cambios en el sector agropecuario, pero, como afirma con razón Guillermo, no se podía subsanar el despoblamiento del campo generado precisamente por el modo de implementar los principios de justicia social y equidad, columna vertebral del proyecto social cubano. Se hubiera requerido un balance que rehusamos buscar. Hoy más del 80% de la población cubana clasifica como urbana. Ante la desintegración del sistema soviético en 1991, se habló del "programa alimentario" como prioridad (y así se titula el soneto histórico del gordo), antes de que se decidiera la cooperativización de la mayor parte de las tierras. El concepto de "programa alimentario" se desvaneció al no aparecer los alimentos. La creación de las UBPC en 1963 se supone que sacaba del dominio del Estado la mayor parte de las tierras agrícolas, pero el Estado mantuvo tanto control - en la puerta de entrada del proceso como en la de salida - que no logró traducirse en lo que se esperaba. Esta insolvencia parece que hoy se ha comprendido y cobra constancia la secuencia de medidas llamadas a incentivar la recreación de un sector agropecuario ruralmente enclavado y con la independencia necesaria del dictado estatal para hacerse efectivo. ¿Se logrará? Por lo pronto seguimos ante la situación de que el porciento de las importaciones en alimento frente a la producción nacional supera la desproporción que existía antes del triunfo de la revolución y que criticábamos implacablemente como deformación debida a la lógica del capital. Claro que el discurso crítico que podemos desarrollar hoy, que tenemos los saldos de logros y fracasos, no lo podíamos tener entonces. Pero yo no recuerdo de mis lecturas que ningún modo de producción halla generado avances sostenidos porque los líderes exhorten ante las pantallas de TV y en las visitas personales a producir más, a ser más eficientes, a ahorrar insumos, etc.: tienen que existir mecanismos que hagan innecesarias (o suplementarias al menos) las exhortaciones. Y las estructuras tienen que responder a esos mecanismos. El hecho es que la economía no se ha destrabado aun y no sabemos cuanto tome destrabarla (sin entregarla al torbellino incontrolado del mercado capitalista, quiero decir). El hecho es que la dirección política ha decidido la profundidad de cambio que debió decidir hacia principios de los 90..., con veinte años de retraso. El hecho es que todavía no parece prevalecer el consenso de la intensidad de lo que tiene que ser distinto. Recuerda que a principios de los setenta, cuando se decidió la incorporación al CAME, se comenzó por diseñar un Sistema de Planificación y Dirección de la Economía (SPDE) que se puso (hasta cierto punto) en manos de los diseñadores del sistema. Ahora, que se trata de reinventar el socialismo y no simplemente de acoplarlo a las reglas del "gran hermano", paradógicamente, estamos trabajando simplemente con un racimo de lineamientos a partir estrictamente de revisiones y debates. ¿No haría falta pensar en cuanto de la economía va a retenerse por el Estado, cuanto irá a otras formas de propiedad socializada, cuanto se dejará en manos de la iniciativa privada, y cómo se va a articular todo eso en otro SDPE, distinto de aquel? Bueno, hermano, freno ahora, pero podemos seguir más tarde si quieren ustedes. 
Un abrazo,
Aurelio

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Le conté a mi también viejo y querido amigo Fernando Martínez Heredia sobre esta entrada, nos mandó la siguiente colaboración:



Silvio:

Eres un provocador en el buen sentido de la palabra, porque te la pasas  abriendo caminos. Déjame sumar unas pocas cosas a las tuyas y las de nuestros  amigos Víctor y Guillermo.

Es bueno recordar que la riqueza mayor de Cuba, con mucho el mayor recurso, es  la gran proporción de gente instruida que tiene, y también la conciencia  política de este pueblo, que puede que no tenga igual en el mundo de hoy. Los  otros recursos que tiene la naturaleza pueden escasear o no en cada país, pero  solo son válidos cuando se ponen en explotación. El capitalismo ha logrado  sacar beneficio a esto siempre, téngalo o no en su territorio, porque se lo  quita a otros de mil maneras. Marx decía hace siglo y medio que dos naciones  pueden intercambiar entre sí según la ley de la ganancia, mientras una explota  y roba constantemente a la otra.

Cuba logró salir de esa prisión hace medio siglo, pero le ha sido muy difícil – y a veces imposible-- no seguir pagando el precio de la desigualdad engendrada  por  el colonialismo y reforzada por dos vías: formas abismales de subdesarrollo  y la acción perenne de nuestro gran enemigo. Italia no podía comprarnos níquel,  aunque quiso hacerlo, y el CAME fue la relación que tuvimos, no el camino del  desarrollo. Ese es el marco de toda nuestra historia desde 1959. Pero no es la
historia misma. Ser los dueños del país y lanzarnos a una concepción elevada  del ser humano fue una maravilla, pero cambiaba los términos de entender y de  solucionar casi todos los problemas importantes y nos ponía ante la obligación  de ser muy creativos y ser diferentes, no solo opuestos al mundo del  capitalismo.

Se acabó el enorme desempleo en solo cuatro años, y se acabó también la  disciplina de los explotadores sobre el trabajo, pero no se logró triunfar en  los intentos de establecer unas nuevas relaciones de trabajo eficaces entre  gente liberada. El poder fue entonces el gran repartidor de justicia, bienes y  oportunidades, y el garante de un nuevo y abarcador proyecto social. Nadie le  regaló nada al pueblo, que había generado todas las riquezas, y que entregó
todo el sudor y la sangre que fueron necesarios y apoyó con entusiasmo todas  las políticas de la Revolución. De esa base moral se ha sostenido la sociedad  cubana. Pero hacían falta otras creaciones diferentes para sustentar cambios eficaces en las etapas que vinieron después, que profundizaran el socialismo y  le cerraran el paso al predominio de las modernizaciones, que al final siempre  se convertirá en la modernización de la dominación. Y no las hemos tenido.

Hace casi cincuenta años el Che pedía que no se sacrificara la exigencia de  contenido real para el trabajo con tal de tener pleno empleo, que era  preferible, decía, pagarle a unos para que estudiaran y conservar el prestigio del trabajo. A fines de los años 60 algunos discutían si no era mejor pagar   mejores salarios en el campo y exigir, que ofrecer tanto a través del Estado y  pagarle poco al trabajador rural. Y otros planteaban que era insuficiente la  nacionalización de los medios de producción y había que ir creando formas de  poder de los trabajadores.

Me detuve un poco en esa historia porque nos muestra muy claramente que fundar  una sociedad y unas personas nuevas exige trabajos sistemáticos muy  intencionados y organizados, que sean creadores al mismo tiempo de bienes,  servicios, conciencia y nuevas relaciones humanas y sociales. Y por lo mismo  exige controles reales y efectivos de las mayorías sobre los que ejercen  funciones.

Hoy estamos viviendo grandes dilemas, lo que es igual a afirmar que la  situación actual tiene más de una solución posible. Opino que este país todavía es muy superior a sus circunstancias. Y una de las acciones indispensables en  este momento es pensar entre todos y compartir esos pensamientos. Cometeríamos suicidio si no pensamos y discutimos, que el debate le es tan necesario a esta sociedad como la respiración a los individuos. Por eso me entusiasmó la  explicación que le diste a lo que te motivó a encontrar tiempo: ¿quién para el  pensamiento?


Fernando


Materialmente humildes, sobreabundantes por los dones del espíritu

Por Joel Suárez Rodés

de aquellos tiempos duramente humanos.
aunque la cruda economía ha dado luz a otra verdad.
Silvio

La “pobreza irradiante y sobreabundante por los dones del espíritu”   que une “los espejuelos modestos de Varela”;  “la levita de las oraciones solemnes de Martí” ; las raídas ropas de negros, mulatos y blancos humildes de los anónimos insurrectos  de nuestras guerras de independencia; la desgastada Biblia del socialista y pastor metodista Deulofeu;  el agua con azúcar prieta, aprieta y dale,  de los hogares de Pogolotti, el primer barrio obrero de La Habana; el lecho sin pan de Tina y Mella; el estómago pegado al espinazo de los descamisados de las columnas de Camilo y Che  hacia occidente;   la harina con boniato de mis abuelos de Aguacate; los parches almidonados de los pantalones pobres pero decentes de la infancia de mi padre; el caqui y las botas rusas de la Columna Juvenil del Centenario y las escuelas al campo como única indumentaria para conquistas en fiestas de Deep Purple, Santana, José Feliciano y Almas Vertiginosas; el papel gaceta de Ediciones Huracán; las cuerdas de cables de teléfono de Experimentación Sonora; las tres gracias –arroz, chícharo y huevo-- sobre una bandeja de aluminio en el comedor de una beca; los guaraches de suelas de goma de camión de Carlos Téllez, artesano;  el tizne de las ollas a fuerza de leña y luz brillante; el bolero desentonado en las noches de apagón, la lavadora rusa, el televisor Caribe, el perro sin tripa, la pasta de oca, los pollitos vivos, el picadillo de gofio, las forever bycicle….  la vivimos las cubanas --sobre todo las cubanas-- y los cubanos, a lo largo de nuestra historia como angustia apostólica y virtud sacrificial. Es el testimonio más significativo en los últimos 50 años de la capacidad de hombres y mujeres de remontar las adversas circunstancias cotidianas que imponía por un lado la “desigualdad engendrada por el colonialismo, (…) formas abismales de subdesarrollo y la acción perenne de nuestro gran enemigo” y por otro, errores y desaciertos por cuenta propia. Y no predico porque la contracción que pudo significar en nuestras circunstancias la gran redistribución de pan y de belleza que debe suponer cualquier  proyecto emancipador signifique que el socialismo por ley sea siempre un proyecto carencial. La materialidad de la felicidad junto con la redistribución del poder, la soberanía popular, el acceso a la cultura y la información, la libertad,  la dignidad de mujeres y hombres y el respeto a los derechos de la naturaleza deben ser conquistas  y derechos a garantizar en las concreciones de los proyectos de quienes lo intenten ahora y siempre.

Pero en nuestro caso, esa virtud consagrada en el sacrificio, en el apostolado de la causa revolucionaria, en las esperanzas de un futuro promisorio y en el chiste irreverente con angustias, desaciertos y dirigentes, fue posible gracias a que el hecho revolucionario transformó la vida de las personas y sus relaciones, y la transformación cultural fue tal que las cubanas y cubanos que borraron el sinsabor de la epopeya frustrada de la zafra con cerveza en perga de cartón en los famosos carnavales del 70 eran radicalmente distintos a los que alcanzaron y vitorearon el triunfo del primero de enero. Pero sobre todas las cosas, porque las botas rusas, el pitusa de caqui y la melena reprimida estaban llenos de revolución, y con ellos asistimos a fiestas y conflictos desgarradores, a trabajos voluntarios y enfrentamientos ideológicos,  a victorias celebradas y mezquindades,  a la irrupción de los Van Van y a los santos en el closet. Silvio, Pablo, Noel y “tantos muchachos hijos de esta fiesta” ponían la banda sonora mientras  fumábamos tupamaros, desembarcábamos en la Patricio Lumumba, gritábamos libertad pa´ los pescadores, jugábamos a los Comandos del Silencio. El speddrun, Black Power, Power to the People, free Angela Davis los sentíamos como nuestros, y sobre las mismas botas y el camuflaje cambiamos las manos del timón de un taxi chevy por el de una rastra en caravana en la guerra de Angola.

“El futuro se hizo mucho más dilatado en el tiempo pensable y fue convertido en proyecto”, y sus objetivos retaban a lo imposible, porque de lo posible se sabía demasiado;  esa  “audacia se convirtió en confianza y costumbre” y fue el sustento de tanta resistencia. La epopeya de la Revolución Cubana era la principal fuente de producción de sentido de vida de la inmensa mayoría de los cubanos y las cubanas. Pero a principios de los 70 y en los años subsiguientes le cargaron mataduras al proyecto y los bolos contaminaron tanta obra del espíritu, la que tanto había ayudado  “a crear firmeza de convicciones, capacidad de sacrificio, disciplina, entre otras virtudes”; por el contrario, se censuró la rebeldía, el criterio propio, el pensamiento crítico y la crítica al pensamiento, lo que provocó, cierto, “extraordinarias combinaciones de avances muy notables que cambiaron decisivamente al país, y desviaciones y retrocesos también notables, que hicieron mucho daño y han dejado hondas huellas”.
Comenzó a alejarse de entre nosotros una inédita posibilidad cultural (espiritual) para las revoluciones socialistas de liberación nacional:  aquella que tenía su sustrato en la “pobreza irradiante y sobreabundante por los dones del espíritu”, aquella en que se subvertía la ética del tener por la ética del ser; aquella que ayudaba a que la Revolución nuestra fuese un valladar y una alternativa frente a  las lógicas del desarrollo y el bienestar de la modernidad;  aquella que pudo  parir una nueva subjetividad  para la otra relación con las cosas, un consumo modesto y el goce sano  que nos ayudara a administrar personal y socialmente la  necesidad y el deseo  dentro de límites éticos, estéticos, espirituales y ecológicos y que la plenitud, la vida digna a que aspirásemos fuese un testimonio de humildad  y de solidaridad con los otros y las otras.

Es cierto que a partir de 1986 el proceso de rectificación volvió a poner la mirada en el proyecto nuestro y la mano en el arado cubano que labra el surco de esta epopeya. Pero el óvulo fecundado de nuestros hijos e hijas abrió sus ojos cuando la resistencia de sus padres fue puesta a prueba y, para casi todos,  la vida cotidiana fue duras carencias y proezas por poner un plato en la mesa. La pobreza y el sacrificio dolían; la virtud y el decoro recibieron golpes abrumadores y la promesa de la “tierra sin males” perdió asidero en cabezas y corazones. Pacotilla y consumismo atraparon a no pocos de los que fueron “saliendo de uno en uno del Período Especial”. Los padres sintieron en el alma la cercanía del fin del tiempo que fue futuro, con sentimientos muy encontrados que no pocos llevaban como “la espina de la promesa incumplida”.  ¿Y nuestros hijos e hijas, los jóvenes? Esa factura se la cobran al proyecto, y su relación con el proceso ha sido muy compleja y diversa. No es desestimable la anomia social. 
Si de lo que se trata es, como dice Aurelio, de  reinventar el socialismo, y el socialismo por sobre todas las cosas es una obra cultural y del espíritu, seriamos irresponsables si no reconocemos  que hoy son disimiles las motivaciones y los proyectos personales y grupales de muchas y muchos en esta isla, y que muchos de ellos, por su naturaleza, son un desafío si queremos recolocar la promesa, el proyecto y sus valores entre las fuentes de producción de sentido de vida, si queremos fortalecer y garantizar la continuidad del proyecto socialista. A esta tarea inmensa le son imprescindibles  condiciones materiales dignas para la reproducción de la vida, entre ellas la dignificación del trabajo y su retribución,  pero en lo que esto sucede para las mayorías, como antaño, los cubanos y las cubanas tenemos reservas para ir más allá de las circunstancias. Lo muestran en estos días los habitantes de la región oriental, brutalmente dañada por el huracán Sandy, y los que nos movemos en solidaridad con ellos.   Fernando afirma que hay más de una solución posible. Para desplegar en toda su intensidad las soluciones en curso y todas aquellas que se pudieran emprender, la gente necesita sentirse motivada, y la mejor manera de lograrlo es cuando uno se siente que forma parte, que lo que se va a hacer contó con su contribución —y el debate en torno a los lineamientos fue un buen prólogo— y que mantiene el control y disfruta de sus resultados.
Los cubanos y las cubanas viviremos, de ahora en adelante, con una buena contribución del esfuerzo propio, y como ha sido ratificado, pensando con cabeza propia. Así como se precisa, nos dice Aurelio,  de “mecanismos que hagan innecesarias (o suplementarias al menos) las exhortaciones” para elevar la producción y la eficiencia y un funcionamiento de estos  que armonice la contribución de los sectores estatal y no estatal de la economía, es imprescindible que el pensamiento con cabeza propia de nuestros conciudadanos y conciudadanas  encuentre cauces institucionales, hoy deficitarios, para incrementar su papel,  de manera orgánica, en las decisiones políticas. En un tiempo en que  el liderazgo histórico de la Revolución no estará más entre nosotros y nosotras, debemos innovar y fortalecer  la soberanía popular. Por un lado, el poder de los trabajadores en las organizaciones económicas para el ejercicio del control popular y obrero de la gestión empresarial estatal y privada, su responsabilidad social y ambiental. Por otro lado, la participación popular consciente, organizada y crítica en el ejercicio institucionalizado de la opinión pública y en mecanismos efectivos de control popular sobre las instituciones, dirigentes  y los estamentos burocráticos;  y sobre todo, la participación en la planificación y en la implementación  de políticas sociales y en la rendición de cuentas como mecanismo de seguimiento y evaluación de la gestión en los territorios. Estas son tareas pendientes para que el socialismo sea entre nosotros expresión de un poder de la gente al servicio de la gente.
  
Empeñémonos en arraigar el ideal, la promesa, el proyecto socialista en los diferentes sectores del pueblo cubano. Solo así podremos mantener  un proyecto de nación independiente, justa, solidaria y fraterna, próspera para todos y todas, con respeto a la naturaleza, inclusiva de la diversidad  nacional, que rechace cualquier forma de discriminación, que es el horizonte que la Revolución, por su raíz popular,  situó como deseado y posible.

En sus viajes por los países socialistas e intentando comprender la crisis que dio al traste con esos regímenes, Frei Betto habló de hambre de pan y de belleza, y mi padre en su tribuna parlamentaria y sus sermones dominicales reclamaba que este pueblo merece un refrigerio. Merecemos  un refrigerio de pan y de belleza. Raúl Castro nos dijo sin tapujos que esta era la última oportunidad: la última oportunidad para la Revolución cubana de desplegar aquella posibilidad infinita que no lograron los socialismos históricamente existentes, que acompaña desde siempre entre nosotros José Martí,  de reinventar el proyecto como toda la felicidad posible para todos y todas, de no dejarnos bloquear por la dificultad que significa imaginar cómo hacer las cosas más allá de la lógica del mercado y del dinero y vivir intensamente el imaginario del fin del capitalismo. Otro modo de ser entre los seres humanos y otro modo de estar con la naturaleza. 

Y “bendito sea el paraíso algo infernal que me parió”.

Noviembre 11 y 2012

Hermano Silvio:

Acabo de leer tu texto titulado “Materialmente pobres”, en tu blog “Segunda Cita”. Magnífico. Al igual que magníficos, por sinceros y valientes, son los comentarios que te hicieron llegar y publicaste de los compañeros Víctor Casaus, Guillermo Rodríguez Rivera, Aurelio Alonso y Fernando Martínez Heredia, con quien tuve el honor de compartir la mañana en que a ambos y a otros nos entregaron la Réplica del Machete del Generalísimo Máximo Gómez, por nuestros ya largos años haciendo algo por la Revolución y el futuro, en el terreno de la cultura.

Estoy absolutamente de acuerdo con tus planteamientos y con los de los ya mencionados intelectuales, y como me encanta opinar, no puedo menos que hacerte llegar mis criterios. Si los añades a los tuyos y a los de ellos, me sentiría halagado. De decidir tú lo contrario, al menos tendré la satisfacción, una vez más, como siempre, de haber escrito o dicho lo que pienso, siento. Y padezco.

Lamentablemente nos habíamos convertido en soñadores, mucho más ingenuos que los socialistas utópicos y hasta llegamos a plantearnos la imposibilidad de edificar el socialismo y el comunismo al unísono, sin saber lo que eran uno y el otro, y mucho más: sin las condiciones objetivas y subjetivas para emprender tamaña quimera, loable en sus objetivos, pero desastrosa en resultados.

No sé quién escribió una vez que los errores económicos se pagan a largo plazo y bastante caros. Y es esa la realidad que estamos viviendo ahora, con la salvedad exclusiva en este mundo convulso de que no vamos a arriar las banderas, ni a colgar los fusiles, ni a convertirnos en genuflexos de los amos del Planeta, ni a pedir perdón, ni a aceptar recetas foráneas, ni a vendernos por las cochinas monedas de los Judas que abundan por doquier. Muchos olvidan una verdad: fuimos hasta 1959 un país prácticamente ocupado por los yanquis. Y desde esas fecha, y hasta nadie sabe cuándo, somos el mismo país, ya no ocupado, pero sí asediado, amenazado, calumniado, y lo que es peor aún: agredido.

Para enfrentar y vencer ese asedio, inventamos fórmulas económicas y productivas erróneas. Y ahora es que andamos en camino de enmendarlas, pero en mi criterio, demasiado lentamente. La paradoja es que nos apresuramos para nuestros disparates, y avanzamos a paso de tortuga para erradicarlos, tarea harto difícil, porque estos mismos disparates fueron cambiando mentalidades, estableciendo premisas y creando unas élites burocráticas e ineficientes, que ahora defienden a capa y espada sus privilegios y prebendas.

Jamás teníamos que haber “nacionalizado” los puestos de frita, las guaraperas, las peluquerías y barberías, las fondas de chinos, los trenes de lavado y los sillones o cajones de limpiabotas. Entrecomillo “nacionalizado”, que fue el término que se utilizó, para aclarar que era incierto, pues casi todos esos timbiriches de poca monta y mucha resolución de problemas cotidianos a la población, eran propiedad de cubanos, salvo algunos chinos o españoles.  Recuerdo que a los dos o tres días de iniciarse aquella ofensiva revolucionaria, el maestro de periodistas que fue Guido García Inclán, en uno de sus editoriales por la COCO, exclamaba a voz en cuello que Fidel no puede administrar ninguna guarapera. A partir de ahí Liborio se convirtió, de la noche a la mañana, no solo en médico, transportista, educador y bodeguero de millones de personas de todas las edades, razas y sexos, sino también pasó a ser fritero, barbero, peluquero, guarapero y limpiabotas. Y no hay ni ha existido jamás un Estado o Gobierno que pueda asumir tales funciones, que por demás, no les corresponden.

Ya antes habían entrado en vigor las dos leyes de Reforma Agraria, que efectivamente, acabaron con el latifundio y las propiedades extranjeras en la agricultura, enormes en extensión y en su mayoría improductivas. Pero al subordinarlas a empresas estatales, trabar sus producciones con el diabólico sistema de acopio, la falta de insumos y aperos, lejos de resolver los problemas de la alimentación del pueblo, lo que hicimos fue crear otros. Ningún director de empresa agropecuaria era en verdad dueño de sus tierras. Devengaba un salario igual si producía 100 quintales que 1000. Y por supuesto, salvo casos excepcionales, todos producían 100. ¡O menos de 100, porque Liborio les pagaba igual, para no dejar a nadie desamparado!

Mis tíos fueron albañiles y cuando fui creciendo conocí que cobraban por contratas, es decir, por lo que edificaban o construían, y jamás un salario fijo.
Otros muchos trabajadores que conocí, devengaban sus salarios a destajos: cobraban lo que producían o los servicios que ofertaban. Inventamos el salario fijo. Y la inmensa mayoría de la población en edad laboral, fue perdiendo el interés por aumentar la producción y la productividad. Siempre pienso que si al menos hubiéramos aplicado durante un semestre la fórmula socialista de “a cada quien según su trabajo”, esos habrían sido los seis meses más felices y productivos de nuestra Historia.

Ahora estamos en la época del famoso cuento del majá mordiéndose el rabo: no se le ven la punta ni la cola. Es imperioso aumentar la producción y la productividad, sobre todo en las esferas de la alimentación y en la sustitución de importaciones, pero no hay dinero para aumentar los salarios. Y con discursos, exhortaciones, vallas, carteles y spots televisivos y radiales jamás vamos a resol ver dicha esencial contradicción.

No soy economista. Pero sí soy un cubano que anda en la calle, escucha a los demás. Y pienso y hablo. Y en las asambleas de todo tipo se ha puesto de moda la frase hermosa de “sentido de pertenencia”, cuando la realidad concreta es que nadie siente que pertenezca a su fábrica, porque la fábrica, en definitiva, no es de él ni del colectivo laboral que la hace funcionar.

Al director, administrador o gerente, lo traen de afuera, en una desacertada política de cuadros, cuando lo más sencillo, práctico, y hasta político-ideológico sería que ese colectivo obrero eligiera a sus dirigentes, democráticamente, de sus propias filas, pues en todos los centros laborales hay Partido, Sindicato y otras organizaciones sociales y de masas, y la democracia participativa nuestra ha dado muestras más que fehacientes de que es, sino la mejor, una de las mejores del mundo, por su limpieza, honestidad y aciertos. Pero ese mismo colectivo obrero, en la inmensa mayoría, no puede disfrutar de las ganancias que produce, porque hay leyes que se lo impiden. Es decir, no pueden adquirir un tornillo para una máquina defectuosa y deben esperar por el empedrado camino de la burocracia que es peor que el del infierno, y menos recibir parte de las ganancias que han elaborado, salvo en contadas excepciones.

Hace unos días, en Tribuna de La Habana, apareció una fotografía de la entrada de la Antillana de Acero, por cierto, en la página donde se critica a los centros en los cuales se encuentran focos de aedes aegypti. Pues bien, al letrero de la entrada, al parecer elaborado con mezcla y alambrón, le faltan las E de las palabras “de” y “acero”.

Allí hay comités del PCC y sindicales, núcleos del Partido y secciones sindicales, comités de la UJC, y hasta realizan anualmente un magnífico torneo de béisbol, previo al inicio de las Series Nacionales. ¿Y Antillana de Acero no dispone de recursos para arreglar ese letrero que está a las puertas de su fábrica? ¿O es que allí nadie tiene sentido de pertenencia, y le importa poco al colectivo laboral si hay dos letras que faltan en su portón de entrada y focos de mosquitos?

Reinventamos el trabajo por cuenta propia, y como le tememos a las individualidades de las cuales se conforman todas las sociedades, le llamamos “trabajo no estatal” o algo parecido. Y le seguimos poniendo trabas: los locales arrendados para gastronomía serán aquellos en que laboren hasta cinco personas. ¿Y por qué no 100 o 300? De todas formas, hay que pagar impuestos, alquiler, electricidad, agua, teléfono y todo lo demás.

¿Por qué un restaurante particular o “paladar” tiene que tener solamente tantas mesas y sillas? Siempre y cuando cumpla con todos los requerimientos laborales, higiénico-sanitarios, tributarios y otros establecidos, que tenga el tamaño que tenga. Y no hay que temerle al resurgir del capitalismo ni a la propiedad privada, porque nuestro Estado revolucionario va a seguir al frente de la Nación, siempre y cuando, como alertó el Comandante en Jefe, no lo destruyamos nosotros mismos.

Como dice el añejo refrán: no podemos comprar pescado y cogerle miedo a los ojos. Y si acaso nos volvemos a equivocar, eso no es nada nuevo para nosotros: volvemos a rectificar y punto. Pero peor es la inercia y la falta de valor.

Me quedan otros aspectos, entre ellos el de nuestros deportistas, al cual quizás me refiera en otro comentario. Estas, por ahora, son mis ideas, dichas así, crudamente, pues siempre me ha gustado llamar al pan, pan, y al vino, vino, y no creo que vaya a cambiar después de viejo.

Un abrazo grande como siempre,
Héctor Arturo.

Estimado Silvio:

Soy uno de los muchos seguidores de su obra poética y de su actitud cívica, y lector esporádico de su blog, aunque nunca he participado en los comentarios. Motivado por los últimos post que he conocido vía el boletín de Cubadebate, donde en mi opinión de una manera efectiva y valiente se abordan con espíritu polémico pero constructivo diversos aspectos de nuestra problemática nacional, le remito el texto que sigue a continuación para que Ud. considere o no su publicación. Es una manera de hacer un pequeño aporte al intercambio de ideas. No lo remito a su blog pues no tengo por ahora posibilidad de acceder a Internet en la empresa donde trabajo por reparaciones en los servidores. Queda de Ud. con todo respeto y admiración.

Carlos Luque Zayas Bazán

¿Será siempre cierto que el hombre piensa como vive?

La cuestión crucial de nuestro tiempo –del escenario socioeconómico cubano de ahora mismo– es cómo llevar a buen puerto los cambios necesarios en medio del torbellino impune y genocida con que los ricos azotan a su antojo varias coordenadas del planeta, con entera conciencia –hoy más lúcida que nunca– de que algunos países de nuestra región, señaladamente Venezuela y Cuba, están entre los próximos objetivos de su arremetida guerrerista. Así, nos vemos obligados a avanzar por un estrecho desfiladero que, cual el Escila y el Caribdis del cuento mítico, por una ribera nos amenazan con debilitarnos nuestras propias manquedades, –y el imperativo de recrear constantemente el proyecto socialista con un mínimo de errores–, y por la otra, el ojo vigilante de la fiera que no perdonará el más nimio descuido para asestar su zarpazo, al estilo “inteligente” de los tiempos que corren.

Porque si bien es cierto que la vieja sabiduría de la plaza sitiada aconseja precaución y ritmo cuidadoso, el cambio demasiado cauteloso puede virarse contra nuestros objetivos, haciendo trabajar el tiempo a favor de los que internamente se resisten a oír la voz mayoritaria que emana del mismo centro político del gobierno, vale decir, por ejemplo, la burocracia entronizada en sus privilegios, o las mentalidades que ya no pueden responder al llamado de la transformación. Por añadidura, allí donde se frene el riesgo y la arremetida necesarios para lograrlos cambios, también encontrará el enemigo elementos a su favor, o dicho de otro modo: precipitar las cosas pueden favorecerlos, y ralentizarlas, también.

La única respuesta capaz de deshacer el nudo gordiano de esta encrucijada es que ahora más que nunca es necesaria la revolución. Si aquel puñado de hombres del 53 se detenía, sólo por un segundo, a pensar en la locura temeraria que podía parecer atacar una fortaleza de la tiranía con unos pocos fusiles, la acción del Moncada nunca hubiera ocurrido. Ahora, en cambio, nos parecería que el enemigo aprendió demasiado bien de la época de las revoluciones guerrilleras; que hasta el último entramado de los organismos políticos y financieros internacionales de explotación se mueven por los hilos de que ellos tiran con total desparpajo, a saber, la organización de las naciones, que hace de títere de las oligarquías; que el armamento de destrucciones cada vez más poderoso e impune en su cobardía teledirigida; que no existe un bloque opuesto que disuada con un poder de destrucción similar al cinismo y la mentira. Todo ello es cierto, pero detenerse es morir con más rapidez.

Nadie tiene a mano las respuestas infalibles, pero, como en otros muchos casos, se puede vislumbrar con más claridad qué es lo que no debemos hacer.

1) No descuidar jamás la defensa. Apenas vislumbren algún signo de debilidad, nos caerán encima. No es una imagen literaria, está reconocido por brillantes pensadores contemporáneos: ellos atacan a los débiles, como hacen algunas fieras de las selvas.

2) No descuidar jamás la fortaleza de la espina dorsal política de nuestro proyecto socialista, que se puede enunciar con la sencilla frase del Che: al enemigo, ni tantico así. Somos antiimperialistas, que es lo mismo que anticapitalistas, que es lo mismo que anticolonialistas, que es lo mismo que internacionalistas. Ninguna veleidad será perdonada, ningún giro vacilante será inadvertido. Los ejemplos del mundo de hoy ya sobran.

3) No desoír jamás la voz del pueblo. Eso sería suicida. Pero teniendo en cuenta que el de hoy es un pueblo mucho más heterogéneo que el del 59 y que la mayoría ya ha nacido después de los tiempos heroicos de la Revolución. Que nos hemos forjado en un espíritu de resistencia pero que, a la vez, hay signos evidentes de cansancio y confusión en algunos ciudadanos, exceptuando a los traidores y asalariados de siempre de esta consideración, porque ese es y será unos de los objetivos del largo bloqueo que hemos sufrido hasta hoy: mellar la heroicidad y la unidad, sembrándonos en el imaginario la ilusión de que una vida material más próspera es posible bajo otro régimen que el socialista.

Pero el cansancio puede sacudirse con participación, el burocratismo, con control. Control de parte de los que no están en el poder. No podemos desoír ya jamás una vieja enseñanza: el hombre que recibe y acepta privilegios, tarde o temprano se acomoda y prostituye: se transmuta en un contrarrevolucionario, más efectivo aún que el capitalista, para desarmar y desalmar a las revoluciones. Esa fue la razón –y una decencia intrínseca en su base– por la que el Che rechazó un día ciertos distintos manjares que aparecieron sobre su mesa familiar en virtud de una tarjeta de racionamiento que no era la común de todos: ordenó devolverla. Hasta que no logremos que ese gesto sea nuevamente la ética de todo el que tenga una responsabilidad estatal, no seremos capaces de construir lo que anhelamos. No pueden pedirse peras al olmo. No puede pedirse que hagamos una cosa y veamos lo contrario. No se trata de aspirar a ser un pueblo de ascetas, ni mortificarnos la carne con laceraciones de pobreza. Todo lo contrario.  Pero mientras los panes y los peces no puedan estar a la mesa de todos, no debemos hablar de socialismo. Eso es lo que significa desoír al pueblo.

4) Sin embargo, no podemos ser igualitaristas. Cómo resolver esta aparente contradicción?

Para ayudar a esta reflexión colectiva, me remito a Julio César Guanche, parafraseando ideas suyas expuestas en “Alrededor de la celebración del VI Congreso del Partido. Una pasión política.”

El igualitarismo no es la corrupción de la igualdad. No es lo que debemos evitar. La corrupción de la igualdad es la desigualdad: eso es lo que debemos evitar. La corrupción del igualitarismo es la uniformidad, porque significa la restricción de la diversidad. Porque si la Revolución nos ha garantizado una elevada cuota de iguales oportunidades para acceder al conocimiento, a la cultura, a la salud, y por lo tanto, al crecimiento individual, hay que evitar “dar a todos lo mismo” sin velar cuidadosamente cuánto aporta cada cual a la causa económica común. Eso, en cuanto a la redistribución de la riqueza creada.

5) Debemos ser capaces de destronar a la burocracia política. Declararnos otra vez impotentes de hacerlo es admitir nuestra derrota.

En cuanto a lo político, para luchar con éxito contra el burocratismo, para evitar que el gobierno de todos y para todos se convierta imperceptiblemente en el gobierno efectivo de unos pocos sobre la mayoría, a través del argumento de la representación elegida, hay que garantizar el gobierno de la contraparte a través de instrumentos de control popular, elegibles y rotatorios, con marco jurídico y posibilidad política de realizarse, de manera tal que los mismos que ejercen el poder no sean los mismos que fiscalizan y juzgan los resultados y las consecuencias de los actos de gobierno.

En política, “el trato igualitario es condición del pluralismo.” Pluralismo en Cuba no debe entenderse como existencia de varios partidos, sino cuando, en otra circunstancia histórica muy distinta que no se avizora todavía, eso se juzgase necesario. Pluralismo es evitar el monótono y letal predominio incontestable de la opinión de unos pocos, las decisiones opacas al conocimiento de las mayorías, la falta de transparencia de las decisiones a los ojos de los que no ejercen, de modo efectivo, ningún poder real, sino a través de una representación. Que todo acto burócrata sea sometido a vigilancia e impugnación popular, que exista la posibilidad de discutir y debatir ideas distintas de resolver un problema o encaminar una solución. En fin, que cada ciudadano haga valer en el parlamento su cuota de poder. Y en resumen: hacer más dependiente el ejercicio del poder estatal de las demandas y el control de la ciudadanía. Eso, en buen romance, significa que deben existir mecanismos de control jurídicos para permitir que se vaya mucho más allá del slogan y la declaratoria de deseos, para hacer tambalear de modo efectivo y real la impunidad cuando las decisiones y los actos de gobierno comienzan a velar más por los intereses particulares que por los sociales, cuando la falta de acometividad, creatividad y talento entorpece el avance, cuando el acomodamiento engendra el amiguismo y la corrupción.

6) A la imagen cultural que hoy predomina en el mundo como la única posible o la más apetecible, es decir, a la capitalista, hay que oponer, construyéndola con efectividad, una cultura otra donde el SER no se diluya en el TENER, donde VIVIR no se confunda con CONSUMIR, donde VALER no se reduzca a COMPRAR. Si eso fuera fácil ya se hubiera construido una gran parte del socialismo. En la frase del Che: “El desarrollo económico sin la desalienación del hombre no nos interesa”.  Es la tarea más difícil que tenemos por delante, porque el capital parece tenerlo todo para imponer su visión del mundo: los dineros y los medios de comunicación, la mentirosa promesa de que todos pueden gozar del confort que muestran sus vitrinas y la persistente invitación a sentarse en las cómodas sillas de la satisfacción de los más bajos apetitos. Una ola de indignación recorre hoy el mundo: pero muchas de sus más hondas motivaciones sigue siendo la pérdida del bienestar de que gozaban a costa de la explotación de los pueblos de la periferia mundial. El capital parece tenerlo todo, menos que un mayoritario por ciento de la población. Somos mayoría, pero aún debemos encontrar el camino efectivo de destronarlos.

7) Hacer lo que debemos hacer, declararnos siempre insatisfechos, pero vigilar con el otro ojo al enemigo. Sobre todo al enemigo interno, pero no ese que se sitúa claramente en la otra ribera, sino el que aparentemente a nuestro lado, simula mientras medra.

Y permítaseme una tonta utopía, que, al fin y al cabo, tantas se han escrito sin permiso. Este será siempre un ejercicio difícil, mientras no se elija al que gobierna y a su contestatario. Debieran existir dos parlamentos, coexistiendo en la misma sala: mientras uno debate,  propone, legisla y gobierna, el otro le contradice y revisa, con el único compromiso de ser juzgado por la mayoría que escucha y valora. O dividir el parlamento elegido en dos sesiones intercambiables en esos papeles. Y hacer que sus miembros sean sometidos más frecuentemente a la discusión popular, de manera que no creen compromisos de bombos mutuos. Todo eso se podría lograr sin menoscabar el poder de los elegidos y fortaleciendo el poder de los electores.
Carlos Luque Zayas Bazán
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La guerra psicologica permanente

Las características de la guerra actual, por el control de los mercados y de los recursos naturales no renovables del planeta que implica en todos los casos, el reordenamiento económico, político, social y cultural de grandes regiones del mundo mediante la absoluta supremacía tecnológica, es definida como "guerra de cuarta generación". Sin embargo y a pesar de los eufemismos, la guerra aún consiste en imponer la voluntad propia al adversario, por cualquier medio. El secreto fundamental de la guerra es el secreto, dice el clásico manual militar de operaciones, ¿entonces como operar en un universo en el que todos estamos siendo observados? En escenario en el que las corporaciones están en guerra contra cualquier forma de disidencia que no pueda ser usada en su beneficio, por vía directa o indirecta. En el que el control de los aparatos militares, de gobierno, de legislación y de justicia, responden directamente al control de estas corporaciones . Y en el que cualquiera por banalidad o indiscreción, es capaz de grabar o tomar imágenes o vídeo, de cualquier persona o acontecimiento. Mientras que tres o cuatro compañías controlan todo el tráfico informativo, nuestras preferencias y nuestras conductas son tipificadas y analizadas. Somos espiados todo el tiempo. En un mundo virtual en donde renunciamos a nuestra privacidad casi voluntariamente, alentados por las practicas socialmente instituidas. Por tanto la resistencia necesariamente debe ser global. La guerra actual es sobretodo tecnológica, de control, propaganda y desinformación masiva, es una Guerra Irregular, Asimétrica. Ésta es operada sobre nuestra voluntad mediante la propaganda sistemática y masiva, y repite como siempre lo ha hecho la propaganda de guerra, "tu eres débil", "tu no tienes posibilidades de ganar, ni siquiera tu propia salvación", "tú solo puedes claudicar antes o después", RÍNDETE .

"...En ésta clase de guerra, (<< psicológica permanente, irregular, asimétrica, de cuarta generación >>), no puedes -no debes- medir el éxito del esfuerzo a través del número de puentes destruidos, edificios tumbados, vehículos quemados, o bajo cualquier otro estándar que ha sido utilizado en la guerra regular tradicional. La tarea es destruir la eficacia y la efectividad de los esfuerzos del adversario y su capacidad de utilizar a la población para sus propios fines..."

Curtis E. Lemay

General Estadounidense

El problema del capitalismo serio es similar al de las hadas y los duendes, es decir: nadie ha conseguido pruebas de su existencia salvo en la mitología.