"...Hoy en día el escritor que quiera combatir la mentira y la ignorancia y quiere decir la verdad debe luchar al menos con cinco dificultades. Precisa coraje para decir la verdad que en todas partes está sofocada. Inteligencia para reconocerla dado que en todas partes está escondida. El arte de tornarla manejable como un arma. Suficiente criterio para elegir a aquellos en cuyas manos será eficaz. Y finalmente suficiente astucia para difundirla entre ellos..." Bertolt Brech

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7 ene. 2012

2001 Relatos de la crisis que cambió la Argentina

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Este libro cuenta con testimonios y reflexiones de: Eduardo “Wado” de Pedro - Ezequiel Adamovsky - Luciano Schilaci (SIMECA) - Hebe de Bonafini - Horacio González - Mario Cafiero - María Esperanza Casullo - Daniel Azpiazu - Víctor De Gennaro - Christian Castillo - Alberto Spagnuolo y Neka Jara (MTD Solano) - Luis Zamora - María del Carmen Verdú (CORREPI) - Luis D’Elía - Ximena Tordini y Gastón Montells (FM La Tribu) - Cristian Mellado (Zanón) - Claudia Acuña (La Vaca)- Raúl Zibechi y el Colectivo Situaciones.


por Walter Isaía y Manuel Barrientos

Los procesos de movilización social vividos en la Argentina durante 2001 y 2002 gestaron una épica popular que no sólo obligó a la renuncia de Fernando De la Rúa, elegido dos años antes en elecciones democráticas, sino que sembró diversos ecos que aún siguen resonando en lo político, económico, social y cultural.

Miles de movimientos sociales, organizaciones y colectivos surgieron en aquellos años y su trabajo, en muchos casos resignificado, todavía se expande en los distintos territorios del país.

No se trató de un acontecimiento aislado, sino que representó la cristalización –y masificación, tal vez efímera- de un largo proceso de resistencia al neoliberalismo que se había implementado en América Latina en los años 80 y 90, que dejaron como resultado pobreza, indigencia, desocupación y la transformaron de la región en la más desigual a nivel global.

En ese escenario irrumpió una gran diversidad de actores dispuestos a manifestar sus reclamos; y a encontrar, de forma colectiva, soluciones nuevas a sus problemas comunes. Como respuesta a políticas antipopulares, fueron emergiendo en las últimas décadas movimientos sociales que congregaban a quienes fueron desplazados de sus tierras, a los pueblos indígenas, a los desocupados, los cocaleros que comenzaron a gestionar y buscar soluciones a sus problemas cotidianos, más allá del Estado. Surgieron cooperativas de trabajadores, nuevas organizaciones de derechos humanos, asambleas barriales, movimientos ecologistas, indígenas, de género.

Así, los primeros años de la década de 2010 ofrecen un panorama impensado años atrás. La lucha social ayudó a instalar gobiernos que generaron un giro –en algunos países, al menos discursivo- en el mapa político de la región.

La rebelión popular del 19 y 20 de diciembre de 2001 en Argentina fue protagonizada por múltiples actores, en muchos casos no institucionalizados. Fue un llamado espontáneo, explosivo, inorgánico. No se puede, entonces, tener una mirada unívoca sobre los hechos, y menos aún congelar en fechas o acontecimientos la riqueza de los procesos.

Diciembre de 2001 representó un momento de intensa participación política y se revalorizaron nuevas formas de organización: como movimientos sindicales y de trabajadores desocupados, fábricas recuperadas por sus trabajadores, colectivos culturales y de comunicación, comedores populares, asambleas barriales. Fue un período de intensa creatividad frente a la crisis económica, política y social. Fueron tiempos de replanteos profundos, donde cobraron fuerza tesis políticas ligadas a las ideas de autogestión, autonomía y el horizontalismo.

Neka Jara, ex integrante del Movimientos de Desocupados de la localidad de San Francisco Solano, cercana a la capital, asegura que “el 19 y 20 significaron poner en escena esa idea de no poder esperar nada de ese tipo de representación. Estaba esa euforia de encontrarnos en las plazas, en las calles, en las esquinas que se convertían en las arterias de todo ese tejido social Recién varios días después caímos en la cuenta de que habíamos tirado no sólo un gobierno sino una forma de gobernar y de hacer política. Ahí decíamos que había llegado el momento de empezar a hacernos cargo de la política, de pensar nuestras propias vidas”.

Pero también fue un momento de dolor y mucha incertidumbre. La represión estatal a bloqueos a supermercados y manifestaciones callejeras dejó como sello el asesinato de 38 personas producto del accionar conjunto de servicios de inteligencia y policías en diferentes provincias del país entre la tarde del 19 y la noche del 20.

Para algunos, significó el fin de una etapa de desmovilización y apatía política iniciada con el golpe de Estado de 1976. Víctor De Gennaro, actual diputado por el Frente Amplio Progresista y ex líder de la Central de Trabajadores Argentinos (CTA), señaló que las manifestaciones populares que desbordaron las calles el 19 de diciembre a la noche en respuesta al anuncio por parte del gobierno del estado de sitio “fue el fin de la dictadura”. Para otros, el cierre de un proceso de resistencia al neoliberalismo.

Aquellos días implicaron un momento de participación y movilización política, que dejó huellas en las generaciones de jóvenes nacidos en dictadura y paridos en la lucha desde el movimiento de resistencia a las políticas neoliberales, privatizaciones, desocupación y exclusión social. También representó la apertura de una nueva etapa de la que aún no se saben cuáles serán sus ecos definitivos.

Bajo esa mirada, estamos viviendo diez años “de” 2001. Es decir, atravesamos una etapa no cerrada, de transición, donde la política, la economía, la cultura y las demás expresiones populares viven en constante estado “de excepción”. Es tiempo de repreguntarse: ¿Alguien previó esa crisis y las revueltas populares? ¿Se puede decir que inauguraron un ciclo nuevo en la vida del país? ¿Qué cambios y continuidades significaron sobre el sistema político, económico, social y cultural? ¿Por qué aún hoy no se juzgó y condenó a los responsables políticos de la represión? ¿Qué educación social, política, económica y cultural dejaron aquellos hechos sobre la sociedad argentina? ¿Qué aprendizajes dejó para las propias organizaciones y movimientos sociales? ¿Qué lecturas hizo el kirchnerismo de aquellas demandas expresadas en 2001?

A modo de respuesta a alguno de estos interrogantes Horacio González, director de la Biblioteca Nacional, dice que “esa desconfianza hacia el Estado y la política aflora de tanto en tanto, porque el anarquismo es la fuerza cíclica de la sociedad. No puede estar siempre presente, pero cada vez que resurge, ilumina, condiciona, culpabiliza al resto de la sociedad. Y convierte esas culpas en pensamiento crítico”.

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La guerra psicologica permanente

Las características de la guerra actual, por el control de los mercados y de los recursos naturales no renovables del planeta que implica en todos los casos, el reordenamiento económico, político, social y cultural de grandes regiones del mundo mediante la absoluta supremacía tecnológica, es definida como "guerra de cuarta generación". Sin embargo y a pesar de los eufemismos, la guerra aún consiste en imponer la voluntad propia al adversario, por cualquier medio. El secreto fundamental de la guerra es el secreto, dice el clásico manual militar de operaciones, ¿entonces como operar en un universo en el que todos estamos siendo observados? En escenario en el que las corporaciones están en guerra contra cualquier forma de disidencia que no pueda ser usada en su beneficio, por vía directa o indirecta. En el que el control de los aparatos militares, de gobierno, de legislación y de justicia, responden directamente al control de estas corporaciones . Y en el que cualquiera por banalidad o indiscreción, es capaz de grabar o tomar imágenes o vídeo, de cualquier persona o acontecimiento. Mientras que tres o cuatro compañías controlan todo el tráfico informativo, nuestras preferencias y nuestras conductas son tipificadas y analizadas. Somos espiados todo el tiempo. En un mundo virtual en donde renunciamos a nuestra privacidad casi voluntariamente, alentados por las practicas socialmente instituidas. Por tanto la resistencia necesariamente debe ser global. La guerra actual es sobretodo tecnológica, de control, propaganda y desinformación masiva, es una Guerra Irregular, Asimétrica. Ésta es operada sobre nuestra voluntad mediante la propaganda sistemática y masiva, y repite como siempre lo ha hecho la propaganda de guerra, "tu eres débil", "tu no tienes posibilidades de ganar, ni siquiera tu propia salvación", "tú solo puedes claudicar antes o después", RÍNDETE .

"...En ésta clase de guerra, (<< psicológica permanente, irregular, asimétrica, de cuarta generación >>), no puedes -no debes- medir el éxito del esfuerzo a través del número de puentes destruidos, edificios tumbados, vehículos quemados, o bajo cualquier otro estándar que ha sido utilizado en la guerra regular tradicional. La tarea es destruir la eficacia y la efectividad de los esfuerzos del adversario y su capacidad de utilizar a la población para sus propios fines..."

Curtis E. Lemay

General Estadounidense

El problema del capitalismo serio es similar al de las hadas y los duendes, es decir: nadie ha conseguido pruebas de su existencia salvo en la mitología.